No hay razón para aceptar las doctrinas construidas con el
fin de sostener el poder y el privilegio, o para creer que estamos obligados por
leyes sociales misteriosas y desconocidas. Se trata simplemente de decisiones
tomadas dentro de instituciones que están sometidas a la voluntad humana y que
deben enfrentarse a una prueba de legitimidad. Y si no pasan la prueba, pueden
ser sustituidas por otras instituciones que sean más libres y más justas, como
ha ocurrido frecuentemente en el pasado.
Noam Chomsky
Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Más tarde te
combaten. Después, ganas.
Mahatma Gandhi
Parecon (Economía Participativa, "par" de participativa y
"econ" de economia) es un sistema político y económico que propone
la toma de decisiones participativa de las distintas organizaciones que
conforman una sociedad. Articula un régimen de propiedad social, una
planificación participativa de la distribución, una estructura social
conformada por consejos, la existencia de combinaciones equilibradas de empleo,
un criterio remunerativo basado en el esfuerzo y el sacrificio, y un sistema de
autogestión participativa sin diferenciación de clases.
Con la modalidad de la autogestión, la democracia directa y la organización en
consejos, busca alejarse tanto de la economía de mercado capitalista como de la
planificación central realizada por una elite o "clase coordinadora",
tal como se dio en los llamados "socialismos realmente existentes", en
la consideración de que ambos sistemas violan derechos humanos básicos. Es
decir que no sólo se elimina la figura del capitalista, con su poder y riqueza
desmesurados, sino también la del productor que monopoliza las decisiones y se
beneficia sobre el resto con un status privilegiado (o con bienes económicos).
En los "socialismos realmente existentes" observamos la presencia de
una clase coordinadora, integrada por los responsables de la planificación y
por los gestores. La idea es que estas personas llevaran a cabo la voluntad de
los trabajadores y de los consumidores. Pero lo que se observó en la práctica
tanto en la Unión Soviética como en la Europa del Este, China, Cuba y en otros
países regidos por esta modalidad, es que los coordinadores consumen más que
los empleados corrientes, trabajan bajo condiciones más estimulantes y toman
todas las decisiones importantes, tanto las relativas a la planificación
general como, bajo la tutela de los gestores, en las unidades particulares de
producción. Esto no equivale a sostener que los trabajadores son tan explotados
en el capitalismo como en los "socialismos realmente existentes" o
regímenes de planificación central. Pero aún así este último tipo de
organización está signada por la explotación, la opresión, los privilegios y
la división en clases sociales. En los procesos verticalistas la elite,
conformada por los que realizan el trabajo intelectual, es la responsable de la
planificación central y monopoliza la información técnica que se requiere
para la toma de decisiones. Los de arriba mandan y los de abajo obedecen. Es
decir que la relación entre la institución que planifica y las unidades de
producción es menos democrática y participativa que autoritaria.
Parecon fue creada cuando, tras la caída del muro de Berlín, muchos
proclamaban el fin de las ideologías y la eternización del capitalismo. En
lugar de focalizar sólo en las críticas al sistema, Parecon se propone
aprender de los errores del capitalismo y de los "socialismos realmente
existentes". Quienes militan en la globalización anticapitalista no sólo
deben ofrecer una alternativa al modelo económico imperante a nivel global,
sino también una alternativa a los sistemas económicos domésticos, y
responder a la pregunta ¿qué debería colocarse en el lugar del capitalismo?
Michael Albert, un politicólogo egresado de la Universidad de Harvard, y Robin
Hahnel, un economista egresado del MIT (Massachusetts Institute of Technology),
fueron delineando su propuesta y desde entonces han publicado siete libros sobre
el tema.
El sistema en el que vivimos es como una ciudad antigua refaccionada pero con
construcciones obsoletas que perduran y barreras arquitectónicas de todo tipo.
En contraste con este esquema, Parecon propone un modelo racional de sociedad al
que pueda llegarse gradualmente, actualizando el proyecto emancipador mediante
la pregunta "¿Cómo sería una sociedad sin explotación?". Algunas
de las prácticas e instituciones propuestas ya existen: es el caso de las
numerosas y auténticas cooperativas que hay en la Argentina y en el mundo y de
las experiencias con elementos autogestionarios como los presupuestos
participativos de Porto Alegre y de más de 21 gobiernos municipales de la
Argentina (entre otros, Rosario, La Plata y Morón), que impactan sobre una
población global de casi siete millones de habitantes. La alternativa
socialista tradicional de empresa pública combinada con asignación de recursos
centralizada y planificada es insuficiente. Parecon propone la reorganización
de las instituciones de producción y consumo, y una visión considerablemente
detallada de una economía basada en la planificación democrática y
participativa.
Parecon está basada en los siguientes valores: equidad, diversidad,
autogestión de los trabajadores y equilibrio ecológico. Fue diseñada para
favorecer la organización humana a partir de la solidaridad y la cooperación,
y no para favorecer la competencia y el egoísmo, tal como ocurre en el contexto
del capitalismo.
Las siguientes instituciones permiten llevarla a la práctica:
1) Consejos de productores y consumidores
2) Complejos equilibrados de trabajo
3) Remuneración acorde al esfuerzo y al sacrificio
4) Planificación participativa
A continuación explicaré el funcionamiento de cada una de las cuatro.
1)Consejos de productores y consumidores. En el contexto del capitalismo, el
mercado es un ámbito en el que confluyen compradores y vendedores, cada uno de
los cuales intenta maximizar su beneficio. Los compradores compiten por vender
caro y los
vendedores por comprar barato. Para que uno obtenga más, el otro debe obtener
menos. Hay quienes no compran ni venden pero de todos modos se ven afectados por
esa transacción: por ejemplo cuando produce un impacto ambiental. Aún cuando
funciona, el mercado hace que sus participantes se comporten de manera egoísta,
reduce todo al signo dinero y hace que el bienestar de unos limite el bienestar
de otros. Bajo la mecánica del mercado el dinero (y no necesariamente el
esfuerzo) multiplica la riqueza, se remunera el poder o la productividad
posibilitando descomunales diferencias de ingresos y de riqueza, y una clase
monopoliza la toma de decisiones a expensas de la mayoría, que obedece
órdenes.
En el caso de la planificación central, trabajadores y consumidores aceptan las
decisiones de los planificadores, que son los que dan las órdenes, mientras los
demás obedecen y responden a través de los "agentes", que son los
planificadores en cada lugar de trabajo. La ventaja de la planificación sobre
el mercado es que puede disminuir los efectos individualistas de la competencia,
tener en cuenta los efectos en los trabajadores y las implicaciones sociales de
las transacciones. Pero entre sus defectos cabe destacar el control de los
trabajadores por parte de la alianza entre los gestores en los lugares de
trabajo y los coordinadores, y el aumento del autoritarismo, lo cual es
contrario al principio de autogestión.
La alternativa que propone Parecon es la planificación participativa, la
posibilidad de que los trabajadores de las diversas empresas e industrias, junto
con los consumidores de los diversos barrios y regiones, coordinen sus acciones
en forma democrática y eficiente. Las asociaciones de consumidores y de
trabajadores propondrían lo que quieren hacer e irían revisando sus propuestas
al informarse más sobre el impacto que tienen en los demás.
Parecon propone un sistema más democrático que favorezca el poder de decisión
del consumidor sobre lo que se produce. El principio es sencillo y cambia
completamente la lógica y la práctica de la toma de las decisiones. La
planificación por consejos tiene en cuenta las preferencias tanto de los
consumidores como de los trabajadores. La idea es que los productores y los
consumidores dejen de ser enemigos, que su relación no pase ya por sacar la
máxima tajada que se pueda del otro. Se trata de evitar dos de los problemas
del capitalismo: la escasez de bienes para algunos, y la sobreproducción. Los
consejos destinados a la asignación de recursos determinan cuánto se usa y
cuánto se produce de cada producto. Este proceso se denomina
"planificación participativa". Los consumidores deberían atender en
primer lugar a lo que les gustaría recibir como producto social, sea de manera
individual o colectiva junto a su familia, o en conjunción con sus vecinos u
otras personas. Juntos deben pedir para obtener lo que sea mejor para su vida,
prestando atención a los efectos de sus elecciones sobre las personas que
realizan la producción. Cada individuo, familia u otra unidad social
constituirían consejos pequeños que a su vez pertenecerían a consejos de
consumo más amplios (el vecindario, una confederación de consejos vecinales
del tamaño de un distrito en el ámbito urbano o de una comarca en el ámbito
rural, una confederación del municipio y a su vez un consejo provincial y uno
nacional, tal vez pasando por instancias intermedias). ¿Deberían producirse
quesos descremados, prisiones, coches o aire acondicionados? ¿En qué cantidad?
Si producimos automóviles, ¿qué otras cosas dejaremos de producir por el
trabajo, las intalaciones, el terreno, etc, que tendremos que destinar a la
producción de automóviles? ¿El producto que desean consumir supone para su
fabricación el trabajo insalubre de otras personas? ¿Qué impacto tiene en el
medio ambiente? Los consumidores deben evaluar los beneficios que se derivan de
sus demandas de consumo frente a los sacrificios requeridos para producirlos.
Las personas compran mercancías en los negocios pero allí no hay ninguna
evidencia del tipo de trabajo que es necesario desarrollar para fabricarlas.
¿Es insalubre, mecánico o embrutecedor? En la tienda estas realidades han sido
borradas, sólo interactúan vendedores y compradores. La única relación que
se establece con las cosas es la posesión. En una Parecon habrá diversos
"comités de asistencia" o agencias que, entre otras funciones,
facilitarán el intercambio y el procesamiento de información para elaborar
propuestas de consumo colectivas y proyectos de inversión a gran escala.
Supongamos que un grupo de vecinos quiere construir una piscina, y no obtiene la
mayoría de votos como para hacerlo. En ese caso a los proponentes se les abren
diversas opciones. Podrían formar un subgrupo y proponer su construcción como
parte de sus asignaciones de consumo personal. Si no fuese perjudicial para
otras personas, la propuesta sería aprobada. Una segunda alternativa, si se
desea insistir con la primera posibilidad (que todos asuman el gasto) sería
acudir al consejo de ámbito superior inmediato para la financiación, aunque la
negativa del consejo vecinal sería un fuerte argumento en contra de tal
decisión.
Albert también señala que si bien el sistema de salud sería gratuito, la
sociedad podría decidir que los efectos perjudiciales del tabaco sobre la salud
debieran ser costeados por el fumador. Desde ya que todo esto debería ser
objeto de un debate puntual, pero incluyo la referencia para ejemplificar
algunos casos problemáticos junto a determinados cursos de acción posibles.
Los consejos de trabajadores y consumidores no son novedosos, han sido una parte
de cada levantamiento importante en la historia moderna. En estos contextos, fue
usual que los trabajadores y los consumidores coordinaran acciones en órganos
colectivos para influir en la política económica. En el caso de Parecon, se
trata de los vehículos a través de los cuales los miembros de una economía
participativa manifiestan sus preferencias económicas y desarrollan la mayor
parte de sus actividades económicas diarias.
Los consejos son ámbitos para la toma de decisiones y operan en diversos
niveles. Están consituidos por pequeños grupos de trabajo, así como por
equipos y trabajadores individuales, y por centros de trabajo más amplios hasta
comprender industrias enteras. Del mismo modo los consejos de consumidores
están integrados por consumidores individuales, barrios, regiones y por el
conjunto de la sociedad. Las decisiones se toman mediante votación y se puede
adoptar un criterio mayoritariamente simple, o exigir tres cuartas partes de los
votos, dos terceras partes, el consenso, etc, todo relativo a las implicaciones
concretas de las decisiones en cuestión.
Parecon es fiel a esa tradición que fue destruida por el marxismo bolchevique
en favor de las estructuras centralizadas. Los consejos de trabajadores son el
vehículo a través del cual los trabajadores expresan sus preferencias respecto
a cuánto quieren trabajar, qué desean producir, qué herramientas y métodos
desean utilizar, cómo se distribuirá el trabajo de modo que ninguna persona
dedique todo su tiempo a realizar sólo tareas monótonas y desagradables, etc.
Esto no implica que cada persona tiene que realizar todas las tareas necesarias
en todos los centros de trabajo. La finalidad es que cada una pueda asumir
durante un período de tiempo un puesto de responsabilidad sobre ciertas tareas
importantes para las que recibió formación adecuada, de manera que ninguna
pueda disfrutar de privilegios sobre las demás en términos del impacto del
trabajo sobre sus potencias personales. La idea es que el empleo de cada persona
esté conformado por un conjunto de tareas diversas.
El procedimiento comienza cuando los ciudadanos hacen propuestas sobre su propio
consumo privado en las asociaciones de vecinos. Señala Albert:
Las asociaciones de vecinos hacen propuestas que incluyen las propuestas
aceptadas de consumo privado junto con las peticiones conjuntas para el consumo
colectivo del vecindario. Las federaciones de más alto nivel hacen propuestas
que incluyen las peticiones de las asociaciones que las integran así como la
petición de consumo colectivo de la federación. De forma similar, cada unidad
de producción propone un plan de producción. Cada lugar de trabajo enumera los
recursos que necesita y los productos que sugieren poner a disposición del
público. Las federaciones regionales y sectoriales juntan las propuestas y
gestionan el exceso de demanda o de oferta. Después de haber propuesto su
propio plan, cada "entidad" (individual o colectiva) recibe
información sobre las propuestas de las otras entidades y la respuesta de otras
entidades a su propuesta. Al "negociar" cada entidad mediante
sucesivas "iteraciones", el proceso converge hasta un plan viable. En
el camino las "entidades" utilizan información diversa, incluyendo
los "precios indicativos", sus propios cálculos aceptados de esfuerzo
y sacrificio en el trabajo e información cualitativa detallada sobre cada uno a
petición. El plan al que se llega manifiesta las preferencias de cada
participante en la proporción en que lo afecta. Es más, cada participante se
beneficia sólo en la medida en que lo hacen los demás. Es decir, mis ingresos
dependen directamente de los ingresos medios de la sociedad y mi calidad de vida
en el trabajo depende de la calidad del complejo de trabajo medio en la
sociedad. Incluso el beneficio que tenga para mí cualquier inversión que
proponga en mi lugar de trabajo depende de cómo esa inversión aumente los
ingresos medios, la calidad media o el producto social que todos compartimos, y
así igual para todos. La solidaridad, por tanto, se refuerza con la
planificación participativa porque nuestros intereses están entrelazados y
nuestros cálculos económicos diarios ocurren a la vista de la situación de
los demás. Obviamente, todo esto tan sólo es una pincelada de la
planificación participativa, y no presenta una imagen detallada ni de las
"iteraciones" de planificación ni del entorno de motivos, acciones e
instituciones que la hacen viable, ni penetra en los problemas del día a día
ni en las implicaciones sociales. Pero si estáis interesados podéis acceder a
discusiones más completas en la red en la sección de "Parecon"
[siglas de economía participativa en inglés] de ZNet: http://www.parecon.org
La competencia, eje articulador del mercado, es lo que empuja a todos a
trabajar más horas y tener menos tiempo libre. Incluso si alguien tiene una
empresa y se relaja y decide no competir, es probable que otra firma se haga
más poderosa y le robe su cuota de mercado. Albert escribe: "Comparando
1960 con el 2000, podríamos tener los mismos ingresos per cápita ahora
trabajando la mitad, digamos una jornada de cuatro horas, o dos semanas libres
cada mes, o un año sí y otro no, alternándolos durante nuestras vidas".
En contraste con este esquema, las economías participativas no generan este
tipo de presión para aumentar las horas de trabajo.
2) Complejos equilibrados de trabajo. Para la supervivencia social aún es
necesario llevar a cabo trabajos monótonos, desagradables y poco
enriquecedores. Estas tareas, además, implican a menudo carecer de todo poder a
la hora de tomar decisiones colectivas. Son las que desarrollan la mayor parte
de las personas, mientras una minoría monopoliza los trabajos más creativos.
En Parecon todos tienen verdadera oportunidad de desarrollar trabajos
enriquecedores, y como contrapartida también deberán realizar alguna de las
tareas menos agradables. La propuesta de superar la división entre trabajo
manual e intelectual tiene larga data en la historia del pensamiento. El acierto
de Parecon es el de plantear una alternativa a la división corporativa del
trabajo, puntualizando cómo podrían distribuirse las tareas mediante una
combinación equilibrada de empleos. En la práctica, esto significa que el
cirujano, además de operar, deberá, por ejemplo, barrer el piso del hospital,
y el que desarrollaba los trabajos de limpieza todo el día en el horario en que
el cirujano lo reemplaza, puede utilizar ese tiempo para estudiar, formarse o
desarrollar un trabajo más enriquecedor. ¿Significa esto que tendremos
cirujanos poco idóneos, o que desaprovecharemos sus capacidades? No, por el
contrario, se podrán desarrollar las habilidades de la mayor parte de las
personas, que actualmente está abocada a trabajos monótonos y poco
enriquecedores. Tener complejos equilibrados de trabajo no va en contra de la
productividad ni de la especialización, brinda a todos la oportunidad de
desarrollar trabajos enriquecedores y estimulantes.
Cada uno tiene una serie de tareas, por supuesto adecuadas según la capacidad y
la inclinación. Una economía participativa tiene aún tareas administrativas,
de dirección, de planificación, etc., pero no cuenta con individuos que sean
sólo administrativos, directores o planificadores.
Algunos cuestionan los complejos equilibrados de trabajo con los siguientes
argumentos, resumidos y respondidos por Albert:
OBJECION 1 - El equilibrio limitaría mi libertad para hacer lo que me
parezca, lo cual sería inmoral.
RESPUESTA: Es cierto que se impediría a una persona realizar sólo tareas
enriquecedoras. Cuando se abolió la esclavitud, también se impidió a los amos
tener esclavos. Sin duda, se puso un límite a su libertad. El precio de que
unos tengan trabajos potenciadores es que otros deben tener trabajos
embrutecedores, ya que para la supervivencia social estos trabajos menos
gratificantes son imprescindibles. De modo que la libertad de unos para trabajar
sólo en tareas gratificantes choca con el derecho de los demás a tener
privilegios similares.
OBJECION 2 - El equilibrio confinaría incluso a la gente con más talento a
tareas poco valiosas y por tanto reduciría el producto social, en detrimento de
todos.
RESPUESTA: ¿Estamos reduciendo la productividad al infrautilizar las
capacidades de algunos? Y si fuera así, ¿la pérdida de producción es tan
grande como para desaconsejar los complejos de trabajo equilibrados? No
necesariamente. Lo que no se tiene en cuenta en esa consideración es que al
estar la mayoría reducida a desarrollar trabajos monótonos, se desperdician
capacidades que la sociedad en su conjunto podría aprovechar. Pero aún cuando
obtener complejos equilibrados de trabajo sacrificara algo de la producción,
habría que considerar que distribuir equitativamente el trabajo mediante la
autogestión y la ausencia de clases es una aspiración mucho más justa que la
de una máxima producción.
La propuesta de Parecon limita la libertad de las personas en el mismo sentido
en que reformar la economía para no permitir la esclavitud impidió que las
personas tuvieran esclavos. Se limitan algunas libertades individuales con el
fin de obtener una mayor libertad para la mayoría.
La cooperativa argentina Ghelco (una fábrica recuperada por los
trabajadores) es un ejemplo de esto: hay personas que ahora hacen trabajos
conceptualmente más exigentes, con mayor producción. Dice Albert:
Ahí hay un ejemplo concreto de productividad que compensa la pérdida de los
gerentes. En realidad, no sólo no se pierde productividad, sino que se gana, al
liberar la productividad de toda la población. La gente participa, siendo parte
de la economía, no se sienten alienados, y por lo tanto trabajan de manera más
libre y productiva. En realidad los lugares de trabajo desequilibrados del
capitalismo son los menos productivos, porque tienen que frenar e impedir que la
gente utilice sus talentos y habilidades al máximo. En los Estados Unidos
alrededor del 20% de los estudiantes son inducidos por el sistema escolar a
realizar trabajos que implican poder, conocimiento, novedad. Pero el 80% de los
estudiantes son entrenados para soportar el aburrimiento y obedecer órdenes de
los demás. Como resultado, ese 80 % no desarrolla su habilidad y talento, sino
que es empujado a convertirse en un trabajador obediente.
Veamos un ejemplo. ¿Cómo podría crearse un complejo equilibrado de tareas
en un estudio de abogados? Albert señala que en esta profesión existe ya una
interesante figura: la de trabajo legal pro bono. Consiste en que los miembros
de la firma, asumiendo una responsabilidad social, donan cierta parte de sus
energías a los necesitados. En este caso los abogados deberían dedicar cierta
cantidad de tiempo a realizar las tareas de secretaría, o del que limpia el
edificio, permitiendo que estas personas se formen o desarrollen otro tipo de
trabajos más gratificantes.
El complejo equilibrado de trabajo busca que ordenanzas, secretarias,
vendedores, celadores y encargados de la limpieza puedan también tener la
experiencia de desarrollar otro tipo de trabajos o cuenten con un poco de tiempo
extra para formación, y hacer que los que están jerárquicamente por encima
suyo realicen algunas de esas tareas para compensar la pérdida.
Albert da más ejemplos:
Entonces, enfermeras, celadores, trabajadores de fábricas, cocineros,
camareras y camioneros analizan sus lugares de trabajo y exigen una
reasignación de tareas y responsabilidades, tanto en relación a los trabajos
de los que están jerárquicamente encima suyo como a sus propias categorías de
trabajo, y a la vez [exigen] que algunas de sus tareas desagradables se les
reasignen a éstos. Como resultado, las características de los trabajos se
hacen más humanas y enriquecedoras, y nos movemos hacia el equilibrio.
(…) Las secretarias exigen responsabilidades más diversas y potenciadoras,
que les den más tiempo en funciones intelectuales y relacionadas con las
decisiones. Los camareros redefinen el trabajo de servir para ser más social e
interactivo y menos servil. Exigen nuevas condiciones y nuevas relaciones
sociales, así como más poder de decisión en sus restaurantes.Ya sé que todo
esto probablemente suene muy vago, pero creo que es lo adecuado en este estadio
de la discusión. Hay pocas reglas generales, si es que hay alguna, sobre estos
temas. La cuestión es que los trabajadores de una empresa usen sus consejos de
trabajadores para redefinir sus trabajos y reasignarlos de una forma más justa
que cuando estaban diseñados para deshumanizar, atomizar y atontar a la
mayoría de trabajadores y elevar a sólo unos pocos.
En cada centro de trabajo se crearían combinaciones equilibradas de tareas
en relación a la satisfacción y el poder que generan. Asimismo es importante
que los trabajadores tengan una combinación equilibrada de tareas en relación
a las combinaciones de los demás centros de trabajo.
Albert escribe que como es difícil imaginar un listado de todas las tareas
posibles de ser realizadas en un centro de trabajo, podríamos imaginar un
sistema que nos permitiera asignar a cada tarea una puntuación entre 1 y 20,
donde la puntuación más alta es la de las tareas a las que corresponde un
mayor grado de poder y, la más baja, a las más superfluas y embrutecedoras. El
objetivo podría ser el de lograr que todas las personas puedan sumar el
promedio del conjunto de las actividades de una unidad de trabajo, y que si en
un centro de trabajo se realiza fundamentalmente una tarea monótona y
embrutecedora, las personas dediquen una parte de su tiempo a trabajar en
lugares distintos. No se trata de lograr la perfección, que es imposible, pero
sí de alejarse lo máximo que se pueda del desequilibrio.
En Parecon todos tienen el derecho de solicitar un empleo en el lugar que
escojan libremente. También tienen derecho a solicitar una combinación
distinta de tareas en virtud de sus prioridades e intereses personales. Una vez
que se aprobó un programa económico anual, cada consejo de trabajadores puede
confeccionar una lista de vacantes y todos pueden solicitar estos puestos. Pero
si alguien especializado en nanotecnología realiza un trabajo que únicamente
otras dos personas en el mundo pueden llevar a cabo, esto no implica que su
actividad deba conferirle una autoridad necesariamente mayor que la atribuida a
otra persona dedicada a cocinar o lavar los platos en un restaurante. En muchos
casos la manera de alcanzar un equilibrio en el grado de motivación y
responsabilidad es hacer que las personas dediquen una parte de su tiempo a
tareas que se desarrollen en distintos en centros de trabajo. Si los trabajos
son puntuados por su nivel de esfuerzo y sacrificio de 0 a 20, en cada centro de
trabajo las personas deberían asumir diversas tareas que le permitan alcanzar
el promedio de esa unidad de empleo. Si alguien trabaja en una mina cuyo nivel
medio se sitúa en 4, mientras el nivel medio de la sociedad es 7, deberá
dedicar una parte de su día laboral a un ramo distinto de la producción, en un
ámbito distinto al de la minería, que le permita alcanzar el nivel de 7. Si en
esa misma sociedad alguien trabaja en el Centro de Investigaciones Científicas
y Técnicas, cuyo nivel medio se sitúa en 13, tendrá que compensar en otro
centro de trabajo con tareas menos gratificantes para alcanzar el nivel medio de
7. Por ejemplo, tendrá que desempeñar ciertos trabajos rutinarios en el
vecindario y en la comunidad donde vive para lograr un equilibrio global en sus
condiciones laborales. El pasaje del capitalismo a la economía participativa
supone que en lugar de que la mayoría de las personas realicen un trabajo
monótono y aburrido durante la mayor parte de su jornada laboral, todos puedan
realizar un trabajo interesante al menos durante una parte del día.
Albert incluso sugiere pensar en organizaciones progresistas o de izquierda como
Greenpeace, The Nation o Mother Jones, y preguntarse si tienen complejos de
trabajo equilibrados o si siguen la división corporativa del trabajo típica de
manera que unos pocos monopolicen las tareas enriquecedoras mientras otros sólo
hacen tareas aburridas y de obediencia, preguntarse si ganan más dinero los que
hacen los trabajos aburridos, y si reasignarían tareas de forma progresiva
hacia complejos de trabajo equilibrados, incluyendo la posibilidad de reducir
sus propias prerrogativas de elite.
No es probable que vayamos alguna vez a eliminar a la policía y a los juzgados,
señala Albert, de la misma forma en que para pilotear aviones, hacer
operaciones médicas o llevar una gran grúa en una obra, son necesarios
especialistas. El hecho de que haya gente especialmente entrenada tendrá como
consecuencia el mejoramiento de sus habilidades. Pero aún así es posible
requerir que estas tareas se desarrollen dentro de complejos de trabajo
equilibrados y que exista autogestión participativa también en esos sitios.
El esquema de complejo equilibrado de trabajo también puede ser utilizado para
que hombres y mujeres distribuyan equitativamente las tareas del hogar y de
cuidado de los hijos. En www.parecon.org hay una descripción más detallada del
proceso de división específica de las tareas.
3)Remuneración acorde al esfuerzo y al sacrificio: En el capitalismo la
mayor parte de las personas no poseen capital, ni mucho poder de negociación,
ni de decisión sobre sus condiciones laborales. La mayoría obedece órdenes y
sólo excepcionalmente gana un salario acorde a su esfuerzo y sacrificio. Los
capitalistas y los coordinadores se esfuerzan mucho menos y ganan mucho más.
Parecon propone incrementar los ingresos de los que ganan poco pero dedican gran
esfuerzo y sacrificio a su trabajo. El esfuerzo adopta múltiples formas. Puede
consistir en jornadas de trabajo más largas o más intensas, o en el desarrollo
de trabajos más peligrosos y perjudiciales para la salud. En Parecon se
remunera en función de lo duro que se haya trabajado, de cuánto tiempo se haya
trabajado y de cuánto sacrificio haya supuesto su realización. Es decir, se
recompensa el esfuerzo y el sacrificio que haya entrañado el desarrollo de un
trabajo. No se remunera en base a las propiedades o a los bienes económicos que
uno posea (es decir, no se recompensa por tener un título de propiedad), ni a
las ganancias que uno produzca, ni a su poder, ni a su productividad, ni a su
talento, ni porque se hayan utilizado herramientas más productivas. En el
capitalismo Bill Gates puede dejar de trabajar muy joven y vivir holgadamente,
con independencia de que realice el esfuerzo que otros se ven obligados a
realizar. En Parecon tampoco se remunera la buena suerte, ya que trabajar o
invertir en una compañía o en una industria en declive es una cuestión de
buena o mala suerte, y no existe un criterio ético para defender este
principio.
¿Por qué no remunerar en relación a la cantidad que cada uno haya producido?
Porque la producción también depende del número de horas adicionales
trabajadas por otras personas, de la calidad de sus contribuciones, de las
herramientas que utilicemos, de los bienes producidos y de sus atributos, etc.
El principio de recompensar en base al esfuerzo y al sacrificio, en cambio, es
adecuado desde un punto de vista ético y también desde el productivo, ya que
proporciona incentivos en función de lo que depende del trabajo y no de aquello
que está más allá del control de la persona. Heredar la riqueza de otro no
retribuye esfuerzo ni mérito alguno. Desde el punto de vista ético, político
y económico no hay ninguna justificación válida para que se retribuya el
hecho de tener propiedades. En Parecon la remuneración se produce en base al
esfuerzo y al sacrificio. Por "esfuerzo y sacrificio" se entiende por
un lado el tiempo de trabajo desarrollado (un valor objetivo) y, por el otro,
cuán duro, monótono, poco estimulante y con escaso poder de decisión sea el
trabajo. ¿Por qué los médicos y los mineros tienen que ganar sólo por el
tiempo en que trabajan y no en función de lo duro que es su trabajo? Cuanto
más desagradable sea una tarea, se supone que requiere de más esfuerzo y
sacrificio. Este nivel es en cierta medida subjetivo, podría ocurrir que a una
persona le guste lavar platos y a otra no, pero todos estamos de acuerdo en que
carnear vacas es más desagradable que componer música. En Parecon no se
determina el nivel de esfuerzo y sacrificio verticalmente, sino que son los
propios consejos en los centros de trabajo, de los que participan todos los
integrantes de un grupo laboral, los que lo determinan.
En Parecon si Juan y Ana trabajan al mismo tiempo durante ocho horas cada uno,
ambos reciben los mismos ingresos independientemente de cuál pueda ser su
trabajo concreto (siempre y cuando uno no implique mayor sacrificio que otro).
En este punto es probable que usted se pregunte quién evalúa la tasa de
esfuerzo y sacrificio. La respuesta es: los responsables de realizar esta labor,
reunidos en consejos y utilizando los principios de los complejos de trabajo
equilibrados.
Es evidente que a la hora de establecer una retribución, resulta más fácil
medir el tiempo trabajado que el esfuerzo. Sin embargo, Albert sugiere un
enfoque general que podrían adoptar los centros de trabajo.
Imaginemos que cada trabajador recibe una especie de "informe de
valoración" emitido por su centro de trabajo, en el que se determina la
renta que podrá utilizar para gastos de consumo. Este informe de valoración
indicaría las horas trabajadas en una combinación equilibrada de empleo así
como la intensidad del mismo, arrojando una "tasa de esfuerzo" que
cobraría la forma de un coeficiente porcentual. Si la valoración fuese de 1,
la remuneración de la persona sería la establecida como media social. Si la
tasa fuera de 1, 1, se situaría una décima por encima; si fuese de 0,9, se
situaría una décima por debajo. El hecho que explica que una persona obtenga
una retribución superior o menor radica en haber trabajado más o menos horas o
en un nivel de esfuerzo mayor o menor. ¿Pero quién juzga estos diferenciales y
qué método de valoración se utiliza? Aquí es donde podría darse una
variación entre los distintos centros de trabajo. Por ejemplo, la valoración
podría consistir en un sistema de tasación numérico sumamente preciso en el
que cada persona pudiera clasificarse en un lugar situado dos décimas por
encima o por debajo de la media. O bien, simplemente podría distinguir entre
"superior", "medio", o "inferior a la media",
indicando así la renta media, o una décima por encima o por debajo (después
de que el centro de trabajo hubiera acordado que ésta fuera la única
variación consentida). (...) Los distintos centros de trabajo podrían adoptar
criterios diferentes para evaluar el trabajo, y cabe esperar que este factor se
convierta en uno de los más importantes que se tendrán en cuenta para
seleccionar un puesto en lugar de otro.
¿Por qué no se retribuye la productividad? Porque una persona puede ser
más productiva en virtud de que dispone de mejores herramientas, o de más
fuerza física, o de mayor talento natural, y no sería equitativo retribuir por
haber tenido la suerte de contar con buenas herramientas, o por la suerte que
deparó la lotería genética para tener más fuerza física. En un sistema como
el de Parecon, Bill Gates no tendría posibilidad de acumular una descomunal
cantidad de dinero. Ganaría sólo en función del trabajo que realiza y en
relación a lo duro que sea ese trabajo, en lugar de ser pagado por haber
contribuido a diseñar el sistema operativo Windows. Hoy la riqueza de Bill
Gates supera al Producto Bruto Interno de Noruega, y 475 multimillonarios tienen
más riqueza que la mitad de la población mundial junta.
En el capitalismo también se remunera a muchas personas en función del poder
que detentan. Esto es evidente, por ejemplo, en numerosos ámbitos sindicales.
Desde el punto de vista ético, político y económico, tampoco hay una
justificación válida para que se retribuya en base al poder.
¿Por qué querríamos que tanto un cirujano como un obrero que trabaja
demoliendo edificios ganen sólo en relación a la cantidad de tiempo que
trabajan y a lo duro que sea su trabajo? Por las ventajas éticas que surgirían
de recompensar el esfuerzo y el sacrificio de un trabajador.
¿Por qué no recompensar económicamente al que se esforzó para estudiar una
carrera universitaria? Se lo recompensa más en base al esfuerzo que realiza
mientras estudia, pero una vez que se recibe, si el esfuerzo no es mayor al que
demanda otro trabajo, no sería equitativo recompensarlo más. El eventual
sufrimiento que alguien padece como estudiante debe ser comparado adecuadamente.
Es cierto que muchas carreras son menos gratificantes que el ocio, pero la
comparación pertinente sería con el malestar que experimentan otras personas
que trabajan para recibir un salario en vez de ir a la escuela. Sólo si el
aprendizaje de la medicina es más desagradable que el trabajo como secretaria
constituye un mayor sacrificio. Quien estudia una carrera que le gusta, tiene
además una recompensa en el placer que le depara el trabajo mismo para el que
se forma, además del capital simbólico que implica el prestigio que le da su
oficio. Sin duda es necesario dar incentivos para sobrellevar los -a veces-
duros años de formación, pero esto no equivale a remunerar en función de los
años de formación. Si se remunerara sólo el esfuerzo y el sacrificio, en el
caso de que los trabajos fueran los mismos que ahora, los que desarrollan las
labores más pesadas serían los que cobrarían más. También debería
compensarse al cirujano por el esfuerzo realizado durante muchos años de
estudio comparado con el esfuerzo en el estudio de una enfermera o un policía.
Pero eso no le da derecho a cobrar más cuando el estudio ha concluido. En ese
momento se lo remunerará en base a su esfuerzo y a su sacrificio, del mismo
modo que se evaluará el esfuerzo del que friega los pisos y limpia los baños
del hospital. Frente a este panorama, algunos argumentan que entonces nadie
querría ser cirujano, todos preferirían ir a fregar pisos y a limpiar baños.
Veamos si es así: si alguien sigue una carrera porque le gusta, no merece ni
necesita más motivación económica para hacerlo. Estudiar algo que nos place
es un fin en sí mismo, no precisa de refuerzos externos.
Si todas las opciones son viables, es necesario un incentivo para hacer aquello
que requiera más esfuerzo y sacrificio (demoler edificios implica un esfuerzo
mayor que ser estudiante). Pero no ameritamos más salario para hacer un trabajo
en el que nos sentimos plenos y que no supone más esfuerzo, de esos que
habitualmente consideramos una "vocación". Sólo es justa una
remuneración que compensa más un esfuerzo mayor.
Si alguien no puede trabajar por problemas de salud o por otras razones
relevantes, recibirá de todas formas un ingreso medio. La sociedad asegurará a
todos un servicio de salud que cubra el conjunto de los gastos que requiera el
tratamiento de una enfermedad, así como seguros contra la posibilidad de que
cualquier calamidad natural o de otro tipo destruya el patrimonio de una
persona. Los ingresos de los niños son como los de cualquier persona que no
puede trabajar: todos reciben un ingreso medio por el hecho de ser personas.
Parecon admite la posibilidad de elegir si se quiere ganar un poco más o un
poco menos, pero no por razones inmerecidas, ni cantidades que generen
descomunales diferencias de fortuna, que la mayor parte de las veces están
basadas en la extracción de plusvalía y en la especulación financiera. Si una
persona prefiere tener más tiempo de ocio y menos dinero, ¿podría hacerlo en
Parecon? Claro que sí, quien desee trabajar más para ahorrar o para comprarse
algo, podrá hacerlo, y quien quiera trabajar menos (superado un mínimo de
trabajo que todo ciudadano está obligado a ofrecer a la sociedad en la que
vive), también.
¿Por qué no recompensar económicamente el talento? John Stuart Mill, uno de
los padres del liberalismo, dio la respuesta: porque en sí mismo es una
recompensa, ¿encima de tener talento quiere ganar más dinero?, argumentó.
Agrego otra respuesta posible: porque es más equitativo retribuir el esfuerzo y
el sacrificio de las personas que su talento. De modo que en Parecon Maradona y
un futbolista no tan bueno pero que se esfuerza tanto como él ganarían lo
mismo.
Parte del consumo estará basado en la necesidad. Algunas actividades de consumo
concretas como la atención sanitaria o el uso de los parques públicos serán
gratuitas para todas las personas. Esto no implica que sean gratuitas para la
sociedad. Los costes deberán ser socializados (por ejemplo, en el área de
salud) en lugar de penalizar a quienes tienen necesidad de ellos.
4)Planificación participativa.
"En mi opinión, la democracia es aquel sistema en el que los más
débiles encontrarán las mismas oportunidades que los más fuertes (…) La
democracia occidental, tal como funciona al día de hoy, es un fascismo diluido
(…), una democracia verdadera no puede ser manejada por veinte hombres
sentados en su centro. Tiene que ser manejada desde abajo, por todos los
habitantes de cada pueblo". Mahatma Gandhi
La planificación participativa es una alternativa diferente a la de la
planificación central, en la que un aparato burocrático selecciona la
información, formula las instrucciones y las envía a los trabajadores y a los
consumidores, y también es una alternativa diferente al mercado, en el que cada
actor compite para comprar y vender productos. Ambos modelos, el de la
planificación central y el de mercado, generan una clase social impotente,
relegada al desempeño de un trabajo repetitivo y sumiso. Cuando un grupo se
dedica sólo a la gestión, a la comercialización, a la dirección y a tareas,
en palabras de Albert, estimulantes o "potenciadoras" (la palabra en
inglés es empowering), con el tiempo se irá produciendo una diferencia interna
en el poder y la influencia de este grupo en relación a la mayoría de
trabajadores que realizan tareas físicas, repetitivas, monótonas, de las que
suelen considerarse como menos calificadas. Así se reproduce el modelo vertical
de las patronales, y no una genuina democracia en las decisiones y en las
acciones. Parecon se opone tanto a la existencia de una clase propietaria como a
la de una clase coordinadora. Esto significa que las instituciones funcionarán
con un mínimo de jerarquía y un máximo de transparencia y participación en
la toma de decisiones. Se trata de eliminar el secreto en la toma de decisiones
económicas y de administrar de modo que el poder de decisión de cada uno sea
proporcional al grado en el que se vea afectado por la medida. En la actualidad,
los trabajadores que están en el más alto nivel de las corporaciones o
burocracias gubernamentales tienen un gran poder económico. Otros trabajadores
se dedican a obedecer. Parecon se propone achicar estas diferencias de poder y
buscar formas autogestionarias de trabajar.
Los diferentes tipos de decisiones se toman siguiendo distintos procedimientos:
a veces impera el consenso, a veces se adopta el criterio del voto mayoritario
según la regla "cada persona, un voto", o se exige una mayoría de
dos tercios a favor de la propuesta. En ocasiones se delega la autoridad o la
autonomía a otros compañeros de trabajo, y en ocasiones tiene mayor poder de
decisión quien resultaría más afectado por la medida. No todos los miembros
de los consejos de distrito o regionales están obligados a asistir a todas las
reuniones. Las decisiones importantes se toman mediante un referéndum de todos
los habitantes, y en otras ocasiones tanto la deliberación como la votación se
realizan sólo entre los representantes designados por los consejos vecinales
para asistir a los consejos de distrito, o por estos últimos para asistir a los
consejos regionales. Las reuniones siempre son públicas, se retransmiten por
televisión y antes de cada referéndum el asunto por votar recibe una
considerable publicidad. Es importante tener en cuenta que la inexistencia de un
jefe o un director no significa que nadie asumirá la responsabilidad final
sobre el producto terminado. Rechazar un sistema jerárquico rígido no supone
el rechazo de toda forma de disciplina, supervisión, evaluación y dirección
responsable.
En una Parecon es posible despedir a un trabajador, pero la decisión la toma el
consejo de trabajadores en forma democrática y esto no pone en peligro la
supervivencia del trabajador, que tendrá garantizadas todas sus necesidades
básicas mientras busca un empleo. El trabajador que cambia de empleo informa a
su comité de personal para que sepa que está pensando en marcharse, y luego
contacta con el correspondiente Comité de Asistencia al Empleo para informarse
sobre los empleos disponibles. Por otra parte, toda disminución en la cantidad
de trabajo global requerida por la sociedad será compartida por todos los
trabajadores, evitando de esa manera el desempleo.
Los trabajos más gratificantes con frecuencia brindan conocimientos y
habilidades relacionadas con la toma de decisiones y permiten influenciar a la
hora de decidir. Tal como señala Albert:
Supongamos que María se pasa el día limpiando y Juan se pasa el día
haciendo tareas sociales y financieras que aumentan sus conocimientos y
habilidades relacionadas con la toma de decisiones. Aunque María y Juan tengan
los mismos votos en su lugar de trabajo e incluso si se los remunera justamente,
después de meses trabajando en esas tareas tan diferentes, María no tendrá ni
la energía ni los conocimientos ni la práctica ni la confianza para
desarrollar un papel comparable a Juan a la hora de influenciar en las
decisiones.
En la práctica los pocos trabajadores que desarrollan los trabajos
privilegiados dominan las discusiones en virtud de su experiencia. Probablemente
María se limitará a ratificar la voluntad de los pocos informados y todos los
demás que, como ella, tengan trabajos secundarios, quedarán excluidos.
La forma en que Parecon propone organizar la sociedad implica que ya no hay un
equipo directivo fijo ni un grupo de personas confinadas a trabajos repetitivos
y embrutecedores. Los médicos, abogados y directivos de todo tipo seguirían
desarrollando su trabajo pero también deberían realizar tareas menos
gratificantes para que fuera posible un balance general con todos los demás.
Una de las ideas más fértiles de Parecon es que una persona debe influir más
en la toma de decisiones si está más afectada por su resultado. Si alguien
vive cerca de una fábrica, ¿su opinión sobre los ruidos molestos no debería
valer más que la del que vive lejos? Si una persona consume productos que otro
contribuye a producir, ¿su opinión no debería valer más que la de quien no
consume ese producto? Es lo que hacemos en nuestra vida cotidiana, en la que a
menudo cada persona tiene una participación proporcional al grado en que le
afectan las decisiones. Pueden, no obstante, existir buenas razones para violar
la influencia proporcional de cada uno. Si hay un aviso urgente de que se
aproxima un tornado, y una persona es la experta en supervivencia en tornados
mientras los demás no saben nada sobre el tema, lo más prudente es que decida
esta persona con suficientes conocimientos sobre la situación.
Si alguien es químico y entiende de biología de la pintura con plomo mientras
otra persona pinta, o trabaja en una cadena de montaje, eso no significa que el
químico deba decidir si las paredes de los demás tendrán pintura con plomo o
si la comunidad en pleno permite o rechaza la pintura con plomo. Sin embargo, el
resto de los miembros de la comunidad deberían escuchar su testimonio de
experto antes de tomar una decisión. Cada uno debe acceder fácilmente a la
información necesaria y al análisis relevante de los resultados esperados, y
debe tener un conocimiento general y una confianza intelectual suficientes para
entender ese análisis. Las decisiones son tomadas por grupos de trabajadores y
consumidores de diferentes tamaños. Por ejemplo, en consejos del grupo de
trabajo, de la empresa, de la industria, de la unidad familiar, del vecindario,
de la comunidad y de la comarca. Democratizar la toma de decisiones significa
que el poder de los consejos puede vehiculizarse mediante un representante o dos
en las reuniones del gobierno o de la empresa. La idea es que resulta posible
aumentar el poder de los consumidores sobre la producción.
¿No es el marxismo con otro envoltorio?
Muchos se preguntan si el diseño de Parecon no es una versión más del
marxismo o del socialismo. A esta pregunta, Albert responde:
Si con la palabra socialismo nos referimos al control de la vida económica
por parte de los trabajadores y los consumidores sin que la división de clases
reduzca las opciones de las personas, entonces, sí, podemos decir que la
economía participativa es esa clase de socialismo, mientras que las formas de
socialismo previas no lo fueron en realidad. Hace años yo ubicaba a Parecon en
este esquema, pero era como soplar contra el viento, creo que puede impedir el
desarrollo real de una nueva visión, mucho más al comunicarla, como si decir
que uno es socialista transmitiera ya una visión positiva. Millones de personas
han llamado socialismo a la combinación de la propiedad pública o estatal, los
mercados o la planificación centralizados, y la remuneración según energía o
productividad. (Parecon) rechaza las instituciones que el marxismo ha apoyado
constantemente y ofrece en su lugar unas instituciones bastante diferentes. Es
más, rechaza el gobierno de la clase que monopoliza el poder en el trabajo, y
esta prioridad de la economía participativa está completamente ausente del
marxismo tal como ha existido en la historia.
De modo que la economía participativa tiene diferentes valores, instituciones,
rasgos e implicaciones que las que se han denominado socialismo y han sido
expuestas por la mayoría de marxistas. Si no camina como un pato, no grazna
como un pato, y no nada como un pato, ¿cuál es la razón para llamarlo pato?
Otra diferencia es que las prácticas socialistas y marxistas muchas veces
mantuvieron la división del trabajo en el estilo empresarial, elevando a un
veinte por ciento de la fuerza de trabajo para tomar las decisiones dominantes
sobre el resto, mientras que la economía participativa incorpora los complejos
de trabajo equilibrados y aleja esta forma de dominación de clase.
Reformas graduales
Parecon propone una reforma gradual de la sociedad. Se comenzaría por
reducir y finalmente eliminar diferencias salariales basadas en la propiedad, el
poder, la raza, el sexo, el rendimiento en términos de producción, y luego se
correlacionaría la remuneración con los niveles de esfuerzo y sacrificio
realizados. Se promoverían reformas inmediatas tales como la instauración de
programas para conseguir el pleno empleo, la contratación de minorías o grupos
exluidos, nuevas pautas para las herencias, para los impuestos directos
progresivos, para la propiedad, el salario mínimo y la acumulación de la
riqueza.
Parecon se propone como primera medida tomar una parte de los ingresos y de la
riqueza de las clases capitalista y coordinadora y distribuirla entre los más
necesitados para el bien social general. ¿Por qué haría eso? Porque no es
justo que el 40% de la riqueza de un país esté en manos del uno por ciento
más rico de la población. ¿Dónde ocurre esto? En la mayoría de los países
capitalistas, incluido el nuestro. La cifra mencionada pertenece a los Estados
Unidos, un país que a los economistas les gusta promover como "la primera
economía mundial", calificación que pronuncian siendo por completo
indiferentes a cómo se distribuye esa riqueza. Bill Gates tiene él solo más
riqueza que Zimbabwe, Ghana, Islandia, Panamá, Costa Rica, Kenya, El Salvador y
la República Dominicana todos juntos. En Estados Unidos, el siguiente 9% tiene
otro 33%, así que el 10% más rico tiene casi tres cuartas partes de la riqueza
de la sociedad. El siguiente 10% tiene un 11.5%. El siguiente 40% tiene un 15%.
El último 40% de la población tiene aproximadamente un 0.5% de la riqueza. De
forma similar, el salario medio en el 20% más alto es unas ocho veces la media
del 40% más bajo. El salario medio del 1% más alto es unas 30 veces la media
del 40% más bajo.En 1996, en Estados Unidos un Director General medio de una
empresa ganaba 209 veces lo que un trabajador de una fábrica. Albert estima que
tal vez uno de cada cinco adultos en los Estados Unidos pertenece a las clases
capitalista o coordinadora: "Las restantes cuatro quintas partes (la clase
trabajadora) reciben unos ingresos relativamente míseros y acumulan una mínima
riqueza, a pesar de que dedican mayor esfuerzo y sacrificio a su trabajo que los
coordinadores y capitalistas (o padecen desempleo, lo que es aún peor)".
Albert propone, como primer medida, un impuesto sobre beneficios del 50%, gravar
el patrimonio, ya que esto vuelve más difícil mantener grandes riquezas y
traspasárselas a los descendientes. Los impuestos sobre el lujo permitirían
gravan cada vez que alguien compra algo más allá de lo que puede permitirse la
mayoría de la gente. Gravar las herencias que sobrepasan cierto límite con
más del 100% tendría sentido ético, así como lo tiene un alto impuesto sobre
el patrimonio que lo reduzca antes de ser traspasado. Los ingresos de ambos
impuestos podrían financiar programas públicos deseables en sanidad,
educación o comunicación, por ejemplo. Albert señala que incluso en pocos
años un impuesto del patrimonio del 30% reduciría en gran medida las
disparidades y generaría suficientes fondos públicos como para acabar con el
hambre y con otras condiciones sociales denigrantes. Además de un objetivo
final, son necesarias demandas a corto plazo, plausibles para el presente aunque
mirando hacia el futuro. Es como construir una casa, plantea Albert, no es
posible empezar por el tejado. Así como las primeras tareas para construir una
casa deben apoyar a las que vendrán después, las demandas económicas a corto
plazo deben premiar a los grupos que lo merezcan, fortalecer su disidencia y
darles fuerza para conseguir más cosas en el futuro.
Es fundamental que el gobierno no gaste lo recaudado en ayudas para los ricos,
premiando, como ocurrió a nivel internacional tras la crisis del 2008, a los
sectores con más recursos económicos.
Parte de los ingresos provenientes de los impuestos mencionados debería
apoyar una política de pleno empleo por parte del gobierno. Esto permitiría
que los desempleados tengan un trabajo y que se incremente el poder de
negociación de los trabajadores, que tendrían menos miedo a ser despedidos.
A corto plazo, se propone un salario mínimo que represente un 60% del salario
medio de la economía. Frente al argumento de que esto hundiría muchos
negocios, una alternativa podría ser la de reducir los salarios más elevados y
utilizar los ingresos obtenidos por los impuestos para dar subsidios a las
operaciones pequeñas que lo merezcan y lo necesiten.
En el programa de la economía participativa no se descartan huelgas u otras
medidas para obtener aumentos de salarios y también para limitar salarios que
pueden ser demasiado altos. Se debería incluir un activismo que prepare los
medios organizativos para conseguir mayores logros.
Antecedentes de Parecon
A lo largo de la historia del pensamiento diversos autores imaginaron modelos
parecidos al de la economía participativa (Parecon). Entre otros, Piotr
Kropotkin, con "La conquista del pan", Diego Abad de Santillán, con
"El organismo económico de la revolución", Isaac Puente, con
"El comunismo libertario", James Guillaume, con "Ideas sobre la
organización social", Pierre Besnard, con "Los sindicatos obreros y
la revolución social", Anton Pannekoek, con "Consejos obreros".
La forma democrática de la estructura de la empresa fue antecedida por el
concepto de la IWW de Woobly Shop (Tienda woobly).
Gran cantidad de comunidades que llevaron y llevan a la práctica modelos
autogestionarios son también antecedentes de Parecon. Entre ellas, las que
aplicaron los principios postulados por los socialistas utópicos de los siglos
XVIII y XIX (Fourier, Owen, etc). La Tienda de tiempo de Cincinnati fue un
exitoso negocio minorista que funcionó entre 1827 y 1830, creado por el
anarquista Josiah Warren para probar sus teorías, que estaban basadas en una
interpretación estricta de la teoría del valor-trabajo, que dice que el valor
de un producto es la suma del esfuerzo realizado en producirlo o adquirirlo.
Warren concluyó que no era ético cargar a un bien con un precio más alto que
el del coste asumido por el vendedor en introducirlo en el mercado. En
síntesis, se opuso a la plusvalía. El resultado de este sistema fue que nadie
pudo lucrar con el trabajo de otro; todo individuo recibía el producto completo
de su labor.
Otros antecedentes de Parecon fueron las luchas en la Comuna de París, los
soviets, las colectividades de la Revolución Española de 1936, los primeros
kibutzim en Israel, los consejos de trabajadores de la antigua Yugoslavia, que
tenían derecho a reunirse y a tomar decisiones sobre todos los aspectos de sus
actividades económicas, las cooperativas que existen en todo el mundo, los
intentos llevados a cabo hace algunos años por los sindicatos australianos para
influir no sólo en las condiciones laborales y en los salarios, sino también
en lo que se producía, vetando lo que dañaba el medio ambiente, los
presupuestos participativos de Porto Alegre y de otras ciudades brasileñas,
así como en Kerala y en otras regiones de la India, y tres experiencias
desarrolladas en la Argentina: las asambleas populares del 2001, las fábricas
recuperadas en forma de cooperativa y los presupuestos participativos (los dos
últimos funcionan en la actualidad). Merecen también especial mención los
Foros Sociales Mundiales, que reúnen gran cantidad de movimientos, grupos,
activistas y proyectos de todo el planeta unidos en favor de la autogestión, de
la solidaridad y de una actitud experimental que rechaza la desigualdad, el
comercio homogeneizante y la arrogancia imperialista. Todas estas experiencias,
tal como propone Parecon, ofrecen un modelo económico alternativo y permiten
sentar las bases de una economía participativa. La idea consiste en crear
medios de organización directa a escala local mediante los cuales los
ciudadanos puedan influir en las decisiones relativas a los programas de
inversión en servicios públicos como parques, educación, transporte público
o atención sanitaria.
En todo el mundo hay movimientos que procuran, en condiciones muy difíciles,
desarrollar alternativas al capitalismo. Los "planes de vida" en
Cauca, Colombia, los avances logrados en lugares como Cuba, Venezuela, Kerala y
Bengala Occidental. Están las empresas de Mondragón en el País Vasco, en
España. Hay una completa red de trabajo de empresas de "economía
solidaria" por todo el mundo. Las más de 200 fábricas recuperadas en
Argentina y convertidas en cooperativas son consideradas un ejemplo - inusual en
el resto del mundo- de lo que propone Parecon. En el apartado siguiente me
referiré a la experiencia de presupuestos participativos en Puerto Alegre y
luego a las experiencias que tienen lugar actualmente en la Argentina y que
ponen en práctica algunos principios de la Economía Participativa (Parecon).
En el sitio web de internet www.parecon.org hay enlaces a organizaciones que ya
implementaron explícitamente en su práctica partes del modelo de una Parecon.
También es posible encontrar discusiones más detalladas sobre el modelo
económico participativo.
Presupuesto participativo: la experiencia de Porto Alegre
El Presupuesto Participativo plantea una nueva concepción de la economía,
el Estado y la democracia. Permite que la conquista del gobierno por medio del
voto popular no agote la participación de la sociedad. Está conformado por las
demandas y necesidades de la comunidad como criterio de construcción de la
matriz presupuestaria, y demuestra que la organización y participación
comunitaria pueden incidir positivamente en la dirección de la economía y de
la asignación de recursos. Implica la creación de un nuevo centro de
decisión, los consejos populares implantados en las diversas regiones de la
ciudad que, junto con el Poder Ejecutivo y el Legislativo, democratizan la
acción política e integran a los ciudanos a un nuevo espacio público.
Representa también una respuesta a la crisis de representatividad de los
Estados.
Porto Alegre lleva ya muchos años aplicando el Presupuesto Participativo. La
idea fue lanzada en 1988 con la campaña por la intendencia del Partido de los
Trabajadores, que proponía democratizar las decisiones de la nueva gestión a
partir de consejos populares, y fue profundizada a partir de 1993 con el
intendente Tarso Genro, que ideó una serie de mecanismos de participación,
planeamiento y control popular. El propósito era el de realizar una
transferencia de poder hacia la clase trabajadora organizada y sustituir la
representación política tradicional por la democracia directa. Fue la primera
ciudad que lo desarrolló y ha sido un modelo para la implementación de este
esquema en gran cantidad de ciudades de todo el mundo, incluyendo 21 municipios
de la Argentina, según consignaré en el siguiente apartado.
Apenas se puso en práctica la innovación en Porto Alegre, hubo una gran
afluencia de población a todas las plenarias populares del barrio, incluidos
los habitantes de las comunidades más pobres. Todos tenían la posibilidad de
decidir sobre las inversiones. Había mucho por hacer y poco dinero para
invertir, por eso antes fue necesario realizar una profunda reforma tributaria.
La recaudación propia del municipio subió gradualmente del 25% de los ingresos
recaudados en el primer año (1989) al 51% de los ingresos totales en 1996. Una
nueva manera de hacer política se había gestado. La clase social pobre y
movilizada comenzó a palpar los resultados, formó parte de un proceso
caracterizado por la transparencia y los dirigentes clientelistas identificados
con el ejercicio de las influencias personales se fueron quedando sin audiencia
o comenzaron a cambiar su conducta.
Las plenarias del Presupuesto Participativo son precedidas por un informe
transmitido por las asociaciones comunitarias en los periódicos barriales y en
volantes, mensajes de radios y TV que convocan a la asamblea. De ser necesario
el gobierno pone a disposición de los delegados y consejeros de la región un
auto con parlantes para recorrer las principales zonas de los barrios y las
villas convocando a la reunión. Apenas llegan los participantes se acreditan:
dan su nombre y dirección para que quede registrado el quórum, compuesto sólo
por residentes de la zona. Habitualmente se exhibe un video informativo sobre la
evolución de los planes de inversiones, en el que además de los representantes
del gobierno, hablan los líderes de la región. La lista de oradores se acuerda
por consenso en las propias entidades comunitarias, tratando de que puedan
expresarse todas las posiciones políticas de la región. A lo largo de los
años hubo una participación cada vez mayor de la población de la ciudad en el
Presupuesto Participativo. A pesar de esto, el proceso jamás fue estimulado ni
aceptado plenamente por la prensa local. Los principales medios lo ignoraron,
identificándolo como "cosa del Partido de los Trabajadores",
probablemente por el hecho de que la influencia sobre el Estado comienza a
socializarse, de abajo hacia arriba, y a no ser patrimonio exclusivo de los
formadores de opinión y de los grupos económicos. Los argumentos de los medios
de difusión se tornaron más endebles a medida que el Presupuesto Participativo
aprobó también grandes obras como la reforma del Mercado Público, la
Estación de Tratamiento de Desagues de Ipanema y la construcción de cinco
avenidas estructurales (obras estratégicas para el futuro de la ciudad). A
partir de ese momento empezaron a entender que las personas ubicadas en la
escala más baja de la sociedad podían contar con suficiente discernimiento
como para decidir sobre las inversiones que eran de su interés inmediato. Con
el tiempo la ciudadanía pasó a discutir y decidir, juntamente con el gobierno,
no sólo las inversiones regionales y las obras estructurales para toda la
ciudad, sino también las políticas de los gastos de servicios.
Algunas de las obras realizadas en Porto Alegre a través del Presupuesto
Participativo fueron la tranferencia de la Villa Cai-cai, una de las más pobres
de la ciudad, hacia el barrio Cavalhada, una región ya urbanizada, no muy lejos
del centro, en un terreno negociado con la Iglesia, propietaria del área; la
duplicación de la avenida Protasio Alvez; la recuperación del Mercado
Público; la descontaminación y urbanización de las veredas de la playa de
Lami, frecuentada por la población de bajos recursos; la construcción de
escaleras para los ciudadanos que viven en las favelas de los morros.
La experiencia de Porto Alegre da una respuesta a la crisis de legitimidad de
los Estados contemporáneos y muestra que la construcción de un área pública
no estatal cumple dos funciones: 1) instaurar una democracia de abajo hacia
arriba, permitiendo que el ciudadano decida en qué se invierte el presupuesto,
es decir, revoluciona la idea de democracia, requiriendo un permanente consenso
comunitario, y 2) actuar como control sobre el ejercicio de la autoridad del
Estado, planteando un contraste con algunos medios de difusión que presionan
para realizar determinadas inversiones pautadas por intereses elitistas o
socialmente minoritarios.
El nuevo centro de decisión creado en Porto Alegre incide directamente sobre el
cáracter y la oportunidad de las inversiones públicas y permite socializar la
política, ya que distribuir la renta sin socializar la política puede con
justicia ser considerado un mecanismo paternalista, perturbador de la noción de
autonomía de los individuos y de las organizaciones de base de la sociedad.
Las ciudades están sobrecargadas de problemas por la creciente urbanización
del mundo que se ha producido en los últimos treinta años. Los gobiernos
locales son presionados de manera cada vez más intensa para responder a miles
de demandas. Esto hace que las respuestas locales a los problemas sean mucho
más efectivas que las soluciones "nacionales", que habitualmente son
planeadas por burocracias que no están al tanto del día a día de la
población.
La experiencia del Presupuesto Participativo quiebra la idea tradicional de
política en la que el ciudadano limita su participación al acto de votar y los
gobernantes electos pueden hacer lo que quieren, a través de políticas
populistas y clientelistas.
Las experiencias de autogestión en la Argentina
En los últimos años, en la Argentina surgieron nuevas formas políticas y
económicas de organización comunitaria. En todas ellas hay elementos que se
relacionan con el espíritu de Parecon: los clubes de trueque, el movimiento
piquetero, las asambleas barriales, las fábricas recuperadas en forma de
cooperativa, los presupuestos participativos, las tierras ocupadas por
campesinos que producen colectivamente, los artistas y periodistas
independientes que encuentran maneras de producir y distribuir sus trabajos.
La experiencia del Presupuesto Participativo ya es una realidad en 21 municipios
de Argentina e impacta en una población total de siete millones de habitantes.
Se logró además la inclusión como derecho constitucional de la idea de
Presupuesto Participativo en el nuevo estatuto de Buenos Aires y hoy se debate a
nivel de la Legislatura la implementación de una norma que ponga en marcha la
experiencia de la participación en el presupuesto de esta ciudad.
La idea se aplicó por primera vez en Porto Alegre, y después se implementó en
Rosario y en otras ciudades. Los ciudadanos votan en cada distrito de la ciudad
obras que previamente fueron pedidas y presupuestadas por consejeros barriales.
Cada distrito tiene un presupuesto y el vecino, al votar, no puede pasarse del
presupuesto. En Rosario esta práctica se desarrolla hace más de diez años,
aunque no se aplica a todo el presupuesto, sino a un porcentaje destinado a
priorizar obras públicas menores, talleres culturales, centros de salud en tal
o cual barrio, bibliotecas, pistas de patín en alguna plaza. A veces las obras
se atrasan, y los vecinos protestan con razón, pero es una experiencia de
democracia directa. Los diputados socialistas Jorge Rivas y Ariel Basteiro
impulsarán un proyecto de ley que tiene por objetivo nacionalizar el
Presupuesto Participativo, a partir de una propuesta presentada por el
presidente de la Red Argentina de Presupuestos Participativos, el socialista
Carlos A. Sortino, responsable de esta política en la Municipalidad de La
Plata. El proyecto de ley propone la creación del Fondo Nacional para el
Fortalecimiento de los Presupuestos Participativos, cuyo objeto es disponer de
un porcentaje del presupuesto nacional para que sea definido por la ciudadanía
de cada municipio en su respectivo Presupuesto Participativo, según la
modalidad que estime conveniente cada uno de sus organismos de aplicación. Sin
duda esta política pública merece, por su potencial democratizador, expandirse
hacia la mayor cantidad posible de municipios.
Desafortunadamente los clubes de trueque empezaron a deteriorarse tiempo
después de haber sido creados, durante la crisis del 2001, ya que algunas
personas empezaron a usarlo como un medio para enriquecerse, falsificando los
"créditos" o consiguiendo créditos reales en áreas donde eran
relativamente baratos, y usándolos en áreas más ricas, donde su valor era
más alto.
El movimiento piquetero comenzó a organizarse a partir de 1996. Estuvo
conformado por más de 15 grupos de trabajadores desempleados que comenzaron a
organizarse a partir de 1996. Cada grupo tiene estrategias diferentes, aunque
todos son conocidos por sus cortes de ruta ("piquetes"), un recurso
que utilizan para publicitar sus demandas. Los primeros piqueteros, que se
opusieron a las políticas neoliberales, se organizaron en asambleas
democráticas y horizontales (sin jerarquías). Luego algunos grupos
trotskistas, comunistas, maoístas y populistas imitaron su estrategia pero sin
la dinámica radicalmente horizontal. No obstante, algunos piqueteros todavía
se organizan en asambleas en las que toman decisiones de manera horizontal, y
contienen elementos de lo que Albert denomina consejos de trabajadores y
consumidores.
Como señalé en el capítulo anterior, las fábricas recuperadas son fábricas
que quebraron (a veces falsamente) y cuyos operarios se niegan a engrosar las
filas de los desempleados. Me voy a detener en las fábricas recuperadas porque
es la práctica que a mi modo de ver más puede contribuir a sentar las bases de
una organización del trabajo menos injusta, y porque es un sistema que funciona
actualmente con eficacia, y puede servirnos de ejemplo de lo dicho hasta aquí.
En estas cooperativas los sueldos tienden a ser igualitarios y suele pagarse por
tiempo trabajado. No son sólo empresas pequeñas, sino que también las hay
relativamente grandes, como cerámicas Zanon, y no son sólo eficaces sino
también rentables. Aunque no funcionan igual, en todos los casos se trata de
cooperativas, las decisiones principales son tomadas por asambleas horizontales
de obreros, y los sueldos suelen ser más igualitarios que con los jefes
anteriores.
La Argentina es un país en el que el resto del mundo deposita su mirada a la
hora estudiar los efectos de la última crisis del capitalismo y de las
posibilidades de salir a flote de ella. Tras el derrumbe político y económico
del 2001, en el contexto de una gran desconfianza hacia los políticos y la
dirigencia sindical, muchos ciudadanos argentinos empezaron a agruparse en
distintas organizaciones para preguntarse cuál era la razón de la crisis y
qué medidas podían ser adoptadas para salir adelante. La autogestión es una
aspiración de antigua data en la Argentina y en distintas partes del mundo. Sin
embargo, hasta el 2001 no hubo mucha experiencia concreta en la materia, y el
desarrollo hacia al aprendizaje progresivo de esta modalidad de participación
no jerárquica recién comienza. Antes lo único que había era una cultura
política jerárquica basada en liderazgos fuertes, tanto en el nivel de la
política oficial como en los sindicatos (conducidos habitualmente por una
burocracia muy corrupta) y en las tradiciones de "liberación
nacional" y leninistas, casi todas muy jerárquicas y a veces autoritarias.
La existencia de más de 200 fábricas recuperadas por los trabajadores y
convertidas en cooperativas fue uno de estos fenómenos surgidos a partir de la
crisis del 2001 que despertaron gran interés en investigadores y activistas de
todo el mundo, al punto en que el propio Michael Albert, creador de Parecon, y
Naomi Klein, han venido a tomar nota de la experiencia y a filmar documentales
que la divulguen (la película "La Toma", de Naomi Klein, está
entera, dividida en seis partes, en www.youtube.com).
El historiador argentino Ezequiel Adamovsky, en un reportaje que le hizo el
mismo Albert, señaló que a su modo de ver desde la crisis del 2001 en la
Argentina han surgido algunos fenómenos que se relacionan con el espíritu de
Parecon. El más eminente es el de las fábricas recuperadas. Contrariamente a
todas las predicciones y a innumerables obstáculos, los trabajadores pueden
dirigir con solvencia y volver sumamente eficientes y rentables compañías
relativamente grandes como la cooperativa Cerámicas Zanon, por ejemplo. Las
decisiones se toman mediante asambleas horizontales de obreros, y los sueldos
tienden a ser mucho más igualitarios que bajo el régimen anterior. Se paga
sólo por tiempo trabajado y no por rendimiento. Adamovsky cree que los
trabajadores estarían de acuerdo con el cambio que implicaría pagar en
función del esfuerzo y del sacrificio.
La cooperativa Cerámicas Zanon está funcionando tan bien que debe
"contratar" nuevos trabajadores. Pongo contratar entre comillas porque
los que ingresan no son asalariados en el sentido capitalista del término sino
integrantes de la cooperativa. Este fenómeno es significativo teniendo en
cuenta que los dueños anteriores sostenían que era imposible que la empresa
fuera rentable.
Algunos grupos de piqueteros todavía se organizan a través de asambleas y
toman decisiones en forma democrática y horizontal, es decir, sin jerarquías.
El caso más notorio es el del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal
Verón, en el que las asambleas contienen elementos de lo que Parecon llama
consejos de trabajadores y consumidores. Por ejemplo, han preparado sus propios
proyectos productivos, cooperativas pequeñas que producen pan, ladrillos,
marroquinería y otros productos. La producción no sigue reglas del mercado, ni
es organizada por una "clase coordinadora". Señala Adamovsky que el
movimiento entero apoya los proyectos productivos y decide en torno a las nuevas
inversiones. Si hay ganancias, no están destinadas sólo a quienes trabajan en
esos emprendimientos, sino al movimiento entero.
Otra de las experiencias argentinas que contiene elementos de Parecon es la
de las Asambleas Barriales que surgieron tras la rebelión de diciembre del
2001. Los vecinos empezaron a reunirse en las principales ciudades de la
Argentina. En las esquinas principales de cada barrio se congregaron para buscar
una solución a los problemas más acuciantes. Debatieron sobre las causas de la
crisis y sobre maneras alternativas de salir adelante. Según Adamovsky, uno de
los elementos que tal vez pueda ser relacionado con la idea de consejos de
consumidores fue el de las compras comunitarias que organizaron las asambleas,
consiguiendo precios más baratos por artículos al por mayor. Las asambleas
también ejercieron presión sobre las compañías de electricidad, gas y
teléfono para asegurar que no subieran las tarifas y que no les cortaran el
servicio a los que no podían pagar.
SIMECA, una organización sindical de mensajeros y cadetes, empezó a
organizarse de manera horizontal. Hay muchos otros ejemplos. Estos
emprendimientos son muy significativos porque surgen en una cultura política
que con anterioridad estaba basada casi exclusivamente en jerarquías y en
liderazgos fuertes, no sólo en el ámbito de la política "oficial"
sino en el contexto de los sindicatos (con frecuencia conducidos por una
burocracia corrupta) y de la izquierda, que provenía de experiencias de
tradición leninista o de tradiciones de "liberación nacional" que a
veces son muy jerárquicas y autoritarias.
Adamosky señala que, a diferencia de otros países, en Argentina no teníamos
ninguna tradición basada en la práctica de hablar y escucharse mutuamente:
Sencillamente no sabíamos cómo mantener una reunión de la comunidad.
Recuerdo las primeras reuniones de mi Asamblea barrial: la gente luchaba,
literalmente, por el uso del megáfono. En serio: peleaba físicamente. Teniendo
en cuenta esto, diría que cualquier grupo con experiencia en los procedimientos
simples de la democracia directa hubiera sido muy útil. Tuvimos que aprender
todo de la manera más dura, por nosotros mismos. Yo pienso que el grupo de
"pareconistas" habría sido sumamente útil si hubiera podido
compartir con nosotros esa experiencia. Temo, sin embargo, que habría sido
imposible exponer cualquiera de los principios más detallados de Parecon en una
asamblea antes de que nosotros nos educáramos en el ejercicio de la democracia
directa.
El sistema político en el que vivimos pretende ser democrático pero es
verticalista, autoritario y poco participativo. Hasta las organizaciones más
pequeñas, que podrían contar con cargos de responsabilidad rotativos, o
gestionados colectivamente, tienen "directores" y
"presidentes". En las clases media y alta pareciera que si alguien no
es "director" de alguna organización, por pequeña que sea, no
existe.
Albert le pregunta a Adamovsky si una clara enunciación de objetivos -por
ejemplo, que las personas deben influir en las decisiones en proporción de
cómo son afectadas por ellas- habría ayudado a los movimientos. Reproduzco
parte de la respuesta:
-Un día (en una fábrica convertida en cooperativa) votamos todos para
decidir si seis de nosotros -que estábamos procesados judicialmente por ocupar
sin autorización la propiedad donde funciona la Asamblea- debíamos
presentarnos en el juzgado o no. Esa era una decisión que sólo esas seis
personas debían haber tomado. Pero nadie la objetó. (…) (Conocer los
principios de Parecon) nos habría ayudado a diseñar formas concretas y
eficaces de traducir principios generales (como la democracia directa y la
autogestión) en realidades concretas.
Adamovsky señala que aunque cada fábrica es un mundo diferente, en los
casos que él conoce, las decisiones importantes son tomadas por asambleas de
obreros en las que cada persona supone un voto y el cincuenta por ciento más
uno decide. De todos modos, advierte que esto no significa que los que
desarrollan trabajos intelectuales no tiendan a dominar la agenda:
Hasta donde yo sé, las figuras políticas principales dentro de las
fábricas, y aquéllos con más conocimiento sobre el proceso productivo, en la
práctica, tienden a tener más poder que el resto. Pero la dinámica de la
autogestión y la democracia directa a veces puede revertir esto. Por ejemplo,
hace unas semanas, la asamblea de los obreros de Brukman (textil) decidió,
contra la opinión de sus portavoces más visibles, no permitir que ninguno de
los obreros se postulase como candidato de los partidos de la izquierda en las
elecciones. Y cuando las elecciones se acercaron, los partidos trotskystas
estaban haciendo lo imposible para tener a obreros de fábricas recuperadas como
candidatos. Su objetivo, por supuesto, es beneficiarse con la legitimidad que
estos obreros tienen. Celia, probablemente la cara más activa y visible de
Brukman, era simpatizante del PTS (un partido trotskista pequeño), y decidió
que quería hacer campaña como candidata. Pero sus compañeros no la
autorizaron, fundamentando que Brukman no debe ser el patrimonio de un partido,
porque busca el apoyo de todos. Curiosamente, el PTS "redescubrió"
entonces el valor de la libertad individual, y postula ahora que la asamblea de
los obreros no puede decidir en este problema, porque haciendo eso, se estaría
afectando el "derecho individual" de Celia para hacer lo que ella
quiere... En suma, todavía hay mucho por hacer en relación a la construcción
de formas de tomar decisiones que apunten a una verdadera autogestión y al
igualitarismo, manteniendo al mismo tiempo criterios de eficacia e
imparcialidad. Siempre existe el peligro de volver a las viejas costumbres.
Conseguir la autogestión requiere de un trabajo duro y paciente, de un fuerte
compromiso con una visión política basada en ese principio.
Michael Albert en la Argentina
En el 2005 Michael Albert estuvo en la Argentina, donde dedicó un día
entero a recorrer junto a la revista La Vaca varias fábricas recuperadas, y
hasta acompañó a los obreros del frigorífico Yaguané a una audiencia
judicial. Albert preguntó a uno de los obreros de la fábrica si volvería a
trabajar con patrón:
"Ni loco", respondió el obrero.
Albert: -Supongamos que soy un empresario, instalo una fábrica en la otra
cuadra, y te ofrezco un 50 % más de ganancias para que vengas a mi fábrica.
¿Qué contestás?
-Que no -insistió el obrero-. Me tienen que sacar muerto de aquí.
-¿Y entonces por qué no hay más trabajadores que pongan en marcha este modelo
que da tanta dignidad y estímulo, al punto en que no aceptas irte ni siquiera
ganando bastante más?
-Tal vez porque no pasaron por la misma lucha.
Este tipo de diálogo se repitió en todas las cooperativas que Albert
recorrió durante el día. En una de ellas conversó con Claudia, otra obrera
del sector productivo que pasó a encargarse de tareas de tesorería y finanzas
en Ghelco, que tiene una línea de más de 2000 productos.
-Ahora que estás en finanzas -le dijo-, ¿aceptarías pasar a limpieza? ¿O
mezclar tus actividades en finanzas con las de limpieza o de producción?
-Es lo que hago. Todos los días a las tres de la tarde voy a producción y
trabajo allí- respondió Claudia.
-¿Y cuál es tu rol?
-Soy abogada de las empresas. Cada una de las setenta fábricas en las que
colaboro me paga lo que puede o lo que quiere. De eso vivo.
Claudia mostró la etiqueta de su traje azul: Brukman, y dijo:
-Brukman es una fábrica recuperada que hace ropa excelente. Los zapatos me los
regalaron los muchachos de Unión y Fuerza, y el reloj me lo regalaron los
compañeros de Cane.
Albert visitó un lugar en el que los obreros trabajaban con máscara y
guantes, blanqueando un determinado tipo de harina. Allí conoció a Miguel
Robles, que le dijo:
-Yo prácticamete no sabía leer ni escribir, era semi analfabeto. Pero ahora
aprendí, me di maña con la informática, y estoy muy contento.
Ahora Miguel es el responsable de controlar el producto terminado, y es quien
programa la producción de la fábrica en relación al contacto con los
clientes.
-Estoy orgulloso- señaló Miguel-. Todo esto es nuestro, es mío. Ahora
tenemos más responsabilidad. Con el patrón no decidíamos nada, ahora sí.
Unos pasos después, Albert preguntó:
-¿Estos trabajadores se definirían como anticapitalistas?
-Sí. Saben lo que están haciendo. Pero no es algo declamativo, sino práctico.
En Brukman justamente pasó que la izquierda hacía cosas declamativas, que no
le servían a los trabajadores. Hay muchos que dicen que quieren cambiar el
mundo. Para mí cambiar el mundo es recuperar más fábricas.
-¿Y los sindicatos apoyan?
-Aquí el sindicato era de la alimentación, y lo manejaba el jefe de la CGT
(Confederación General del Trabajo) Rodolfo Daher. Y como pasó en la mayoría
de los casos, no apoyaron a los obreros, porque las patronales no quieren perder
afiliados- le dijeron en una "equivocación" acertada, al confundir
sindicalistas con patrones, cosa que en la Argentina puede ocurrir con una
frecuencia pasmosa-.
Albert se mostró asombrado de que otros empresarios acepten ser proveedores
o clientes de Ghelco y preguntó:
-¿Por qué les compran a ustedes?
-Porque el producto es bueno- contestó uno de los trabajadores un poco
asombrado-.
Si el producto es bueno, y está a buen precio, al empresario sólo le importa
su propio interés y lo compra.
Albert negó con la cabeza:
-En los Estados Unidos, aunque el producto fuera el mejor y el precio también,
ningún empresario le compraría a una fábrica como la de ustedes, porque sabe
que ustedes representan un peligro, una amenaza. Los empresarios allí
tratarían de aislarlos, justamente para defender sus intereses.
Visitaron también la Cooperativa San Justo, una cristalería especializada en
vidrios para automóviles. Entre sus clientes cuenta nada menos que con la
empresa Fiat, y exporta sus cristales a Uruguay, Brasil, Chile y Turquía, donde
aprecian la calidad de su producto.
En un horno se prepara una suerte de lava fluida que se extrae y deposita en los
moldes que dan forma definitiva a esos cristales. Ignacio Gallo, presidente de
la cooperativa, contó que con patrón, cada trabajador de los hornos tenía 15
minutos de descanso por hora. La asamblea puso un lapso de media hora de
descanso tras cada hora trabajada.
Atento a la preocupación de Albert por la burocratización del sector gerencial
de las fábricas, Albert le pidió a Ignacio que mostrara las palmas de sus
manos:
-Acá se ve bien, manos callosas. Un presidente que trabaja- respondió.
En la cooperativa Zanon, uno de los referentes de la fábrica, Raúl Godoy,
servía milanesas a los demás obreros y al cronista de la revista La Vaca,
ajeno al estereotipo de lo que se supone que es una "imagen
dirigencial".
Albert también visitó una cooperativa de cerámicos que produce ladrillos
en el kilómetro 27.200 de la Ruta 3, en La Matanza. Allí preguntó al
presidente de la cooperativa, Ramón Corvalán, y al tesorero, Hugo Espinoza:
-¿Cómo deciden de qué se habla en las asambleas?
-Cada sector propone los temas.
-¿Cuánto dura cada uno en su cargo?
-Unos dos años, pero la asamblea puede revocarlos cuando quiera.
Cada sector nombra delegados para el Consejo de Administración, que se
reúne una vez a la semana. Albert le preguntó a Hugo Espinoza desde cuándo
trabaja como tesorero y qué hacía antes.
-Estoy acá desde hace un año y seis meses. No me queda tiempo para volver a lo
de siempre: yo soy foguista, trabajaba en el horno.
-¿Qué trabajo te gusta más?
-Aquel- contestó Hugo, refutando la idea de que los cargos más deseados son
los directivos-. Lo que pasa es que hago esto porque alguien lo tiene que hacer.
Acá entendimos que nosotros podíamos manejar esto, sin necesidad de gerentes.
-Pero cuando eras foguista, y terminabas de trabajar todo un día en esa tarea
física y repetitiva ¿no estabas cansado?
-No. Me iba a mi casa y trabajaba de albañil. Así levanté toda mi casa,
porque quería trabajar para el bienestar de mi familia. Desde que estoy en este
cargo, no pude hacer nada más en mi casa. Me encantaría volver al horno.
Es sumamente importante entender que el procedimiento básico de ensayo y
error es fundamental para la organización del trabajo. Albert preguntó a
obreros de varias cooperativas qué pasaría si en la asamblea uno quiere ganar
el 50% más de lo que gana. La mayoría respondió que un requerimiento
semejante estaría completamente fuera de lugar. No obstante, también le
contaron que en Química del Sur hubo un reclamo semejante y se generaron
enormes problemas. A los que cobraban más les decían: "Trabajá vos, ya
que ganás tanto". A los dos meses el conflicto terminó, y formaron un
sistema de ingresos igualitarios.
En un frigorífico Albert observa una escena impactante (cientos de vacas
chorreando sangre tras su paso por el matadero, unos les quitan el cuero,
deshollándolas, otros las abren, otros les cortan las cabezas, otros les quitan
las entrañas), y comenta: "Estos hombres, con lo que hacen, tendrían que
ganar mucho más que los que están en el consejo de administración". Si
una persona pasa su tiempo de trabajo en una línea de montaje, o realizando el
mismo corte en una vaca una y otra vez, y otra pasa más tiempo en la oficina,
cómodamente, registrando ventas y finanzas, quien realiza la tarea monótona
debería recibir máyor remuneración, básicamente porque se trata de un
trabajo más difícil y que provoca un daño mayor.
Albert da detalles sobre las implicaciones prácticas de un complejo de trabajo
equilibrado:
Se toman todas las tareas importantes, todas la repetitivas y en lugar de
dividir el trabajo de forma que un pequeño grupo haga uno y la mayoría haga el
otro, todos tienen una porción justa de tareas. El trabajo equilibrado
permitiría que cada obrero haga dos o tres horas por día de trabajo
interesante, y el resto el trabajo monótono. De ese modo, todos estarían
interesados en lograr que las tareas monótonas sean menos debilitantes, y
habría una tendencia a mejorar la calidad del trabajo. En el frigorífico, los
que tienen el mejor trabajo no hacen nada de cortes, y no están tan motivados
para mejorarlo o hacerlo menos debilitante (repetir el mismo corte lesiona los
músculos).
Lydia Sargent, compañera de Albert, opina: "Yo creo que directamente no
deberían existir ciertos tipos de trabajo. La sociedad debería manejarse para
hacerlos una hora por día, si son necesarios. Pero eso partiría de tener un
control de la economía. Mientras tanto, no habría que tener a nadie cortando
carne ocho horas por día. O todos comemos carne prefabricada, o todos cortamos
una hora por mes o una hora por año". Las fábricas sin patrón son el
ámbito adecuado que permite discutir este tipo de cuestiones en un lugar y en
una situación concreta.
Albert advierte:
No todos tienen que hacer todo. Imaginemos un hospital. Hay un cirujano, y yo
limpio. Ocupamos el hospital. Si mantenemos la diferencia, con el tiempo el
salario del médico va a subir, y el mío no. Pero si cambiamos al hospital para
que yo empiece a hacer una combinación de tareas, algo de limpieza pero
también tareas más conceptuales, estimulantes, todo sería distinto. Yo no
haría operaciones, pero sí tendría un conocimiento mayor del funcionamiento
del lugar, más confianza, más capacidad de influir. No miraría al cirujano
como a un dios. Y él tendría que hacer algo de limpieza también.
Interesado por saber si en las fábricas argentinas recuperadas en forma de
cooperativa se desarrolló una nueva división del trabajo para permitir y
apoyar nuevos procedimientos en la toma de decisiones, Albert requiere
información por parte de Adamovsky, que le responde:
Hay también una tendencia casi intuitiva hacia el principio de que las
personas deben compartir las tareas pesadas o desagradables. En mi asamblea, por
ejemplo, la gente trabajadora se resiente inmediatamente si aquéllos con mayor
nivel educativo o extracción social más alta no ayudan a limpiar el piso,
cocinar, levantar objetos pesados, etc. Del mismo modo, sé que algunos de los
grupos piqueteros prestan gran atención a este tema, y a la capacitación de
todos para que puedan desarrollar las tareas más complejas y calificadas,
incluyendo las políticas. En general, las personas que forman parte de los
movimientos detestan a los "coordinadores" o "mandones",
aún si la idea de que exista semejante cosa como una "clase
coordinadora" no es todavía muy común. Sé también que obreros de las
fábricas recuperadas comparten algunas de las tareas que previamente sólo
estaban reservadas a obreros especializados o a obreros sin ninguna
calificación. Pero las viejas costumbres no se mueren fácilmente, en especial
en un contexto de mercado, y con todos los mensajes que vienen de los medios de
comunicación. Si los movimientos argentinos tuvieran una comprensión más
clara de los motivos que tornan necesario cambiar la división del trabajo, y
sobre todo, de la conveniencia del trabajo equilibrado y sin clases, de que esto
no sólo ayudaría a realizar el trabajo mejor que antes, sino que incluso
serviría para eliminar todas las jerarquías duras, esta comprensión ayudaría
incluso a los que están hoy más comprometidos con ese tipo de cambio, y
ciertamente ayudaría a todos los demás a luchar en contra de esas viejas
costumbres y también contra los individuos que quieren conservarlas. Poner
estas cuestiones en la perspectiva de una visión más abarcadora, como propone
Parecon, sería indudablemente muy útil.
Cuando Albert pregunta si cree que los obreros apoyarían la idea de
equilibrar los trabajos agradables con los desagradables, y especialmente
cuánta resistencia piensa que se puede generar en el grupo que podríamos
denominar "clase coordinadora" y entre los que tienen mayor
educación, Adamovsky responde:
Uno de los obreros de Grissinópolis una vez me explicó, con una mirada
triste en sus ojos, lo difícil que le resultaba convencer a sus compañeros de
que ellos realmente podían manejar su propia empresa. Al principio, pensaron
que él estaba loco. Pasó mucho tiempo hasta que algunos de los obreros
descubrieron que ellos no eran peores que ninguno de los gerentes que habían
tenido antes, y que, de hecho, conocían su trabajo mucho mejor. Me imagino que
la resistencia contra el principio de "equilibrar tareas agradables y
desagradables" sería bastante dura, no sólo de parte de los coordinadores
que defenderían sus privilegios, sino también de los mismos obreros. Si las
personas se sienten impotentes, tienden a confiar en la "experiencia"
y el "conocimiento" de aquéllos que, por contraste, se sienten
"capaces". Como yo soy un buen orador, mis compañeros me pedían
muchas veces, sobre todo al principio, que los representara cada vez que había
que hablar en público. Pero asumir esa tarea, por supuesto, me daba la
oportunidad de mejorar cada vez más como orador, de ganar más experiencia,
mientras otros compañeros permanecían callados. Y esto tendía a reproducir y
reforzar la desigualdad en este campo específico: yo acumulaba experiencia,
indirectamente, "a expensas" de los demás. Entonces, en un momento
decidí negarme a cumplir ese rol todo lo posible, lo que indirectamente
"obligaba" a otras personas a animarse e intentar hacerlo ellos
mismos. Lo gracioso es que a veces tuve que resistir fuertes presiones de
compañeros que querían que siguiera desempeñando ese papel de
"coordinador", y a veces se enojaban conmigo. "Vos lo hacés
mejor, entonces hacelo" me decían. Para algunos, atreverse a "tomar
el control" y asumir esa responsabilidad era doloroso, y siempre les era
más fácil confiar en que lo hiciera otro. Pero, obviamente, tras romper esa
inercia, descubrís que sos perfectamente capaz de hacer cosas nuevas que antes
te parecían dificilísimas. Quienes dan ese paso inmediatamente se entusiasman,
y ya nunca pierden la voluntad de ser protagonistas. Es el camino inverso del
capitalismo: en lugar de sumirte en la impotencia, el protagonismo te potencia.
Este ejemplo era para decir que imagino que el principio de "equilibrar
trabajos" va a encontrar una resistencia feroz, probablemente tanto de
arriba como de abajo. Va a implicar un esfuerzo largo y paciente de parte de
aquéllos comprometidos con la idea. Ser capaz de compartir su especialización
y capacitar a otros, sin reforzar ellos mismos su rol como coordinadores. Lo
imagino como un período riesgoso, una larga transición durante la cual los
coordinadores pueden elegir sacar provecho de las presiones de abajo que recién
describí para mantener su poder. Parecon es un hito visionario y necesario en
este aspecto, porque proporciona un análisis muy claro de los efectos negativos
tanto de la existencia de una clase propietaria como de la de una clase
coordinadora.
Ejemplos como estos podrían llevar a obreros de otras fábricas a pedir lo
mismo, o a luchar para trabajar en las mismas condiciones. Se trata de un nuevo
esquema económico y de una nueva división del trabajo.
Las tareas estimulantes ayudan a desarrollar la confianza en uno mismo, en
principio porque permiten adquirir nuevas habilidades y conocimientos, mientras
los trabajos más repetitivos, tediosos, aburridos, cansadores y exigentes, no
brindan una sensación de poder y estímulo. Albert confía en que con el tiempo
el primer grupo tenderá a dominar a los demás, y a tener un rol preponderante
en la toma de decisiones.
Esta estructura básica no es cerrada, a partir de un esquema semejante comienza
el intercambio de opiniones, se inicia un diálogo que puede contemplar
particularidades para cada ámbito de trabajo. Por ejemplo, no todos creen que
las tareas administrativas sean mejores que las otras. En las cooperativas
argentinas los trabajadores tienen poder de decisión sobre lo que ocurre. No es
una utopía sino una realidad. Las tareas que realizaba la gente que se fue de
la fábrica están a cargo de los obreros, que la desarrollan con eficiencia,
quizá porque hay menos personas encargadas de la gerencia y de la
administración. Por otra parte, el trabajo se hace con mayor diligencia porque
los obreros sienten que la fábrica es suya.
¿Hay alternativa para las instituciones actuales?
El error es tan común en política como en ciencia, pero la corrección del
error es mucho menos frecuente en la política que en la ciencia, porque a la
mayor parte de los políticos les interesa más el poder que la verdad. (Mario
Bunge)
Lamentablemente muchas personas creen que no hay alternativa para las
instituciones presentes, que debemos convivir con grados escandalosos de
inequidad y que concebir otras formas de organización social es
"ingenuo". Siempre usan esta palabra que nada describe y sólo expresa
desprecio. Todas las formas novedosas de convivencia han merecido en un comienzo
el mismo mote despectivo, desde la abolición de la esclavitud hasta la igualdad
ante la ley por la que luchó la Revolución Francesa. Es falso que no hay
alternativa al capitalismo. De lo que se trata es de aprender de los errores de
cada sistema y buscar formas menos inicuas de convivencia.
No hay una única manera de llevar adelante una economía participativa. Al
igual que ocurre en el capitalismo, cada ámbito aplicará un enfoque diverso a
los problemas. Escribe Albert:
¿Cuánto tiempo hace falta hasta que nos demos cuenta de que un amplio
número de ciudadanos de sociedades desarrolladas no van a arriesgar lo que
tienen, por muy poco que sea en algunos casos, para perseguir un objetivo del
que no tienen ninguna idea clara? Ofrecer una visión política que abarque
legislación, implementación, adjudicación y cumplimiento de la ley, que
muestre cómo cada una de esas funciones debería llevarse a cabo de un modo no
autoritario que promueva los valores que defendemos, no sólo proveería a
nuestros activistas contemporáneos de valores y esperanza a largo plazo, sino
que también iluminaría nuestras respuestas inmediatas a los actuales sistemas
electorales, legales, ejecutivos y judiciales y todas nuestras elecciones
estratégicas.
Albert se muestra preocupado por ciertas formulaciones y estilos extraños
que siguen infiltrándose en los que se describen a sí mismos como anarquistas,
y espera que tengan poco apoyo en la comunidad anarquista más amplia.
Se me ocurre, por ejemplo, la opinión de que la tecnología es en sí misma
una enemiga de la justicia y de la libertad. O que todas las instituciones por
su propia naturaleza violan la libertad humana. O la opinión de que tener
alguna relación con las estructuras políticas o sociales actuales es una
señal automática de hipocresía o de alguna intención veleidosa. O que las
reformas son por su propia naturaleza partidarias del sistema y por lo tanto,
deben evitarse a toda costa y castigar a aquellos que las persigan. Esas
extrañas concepciones, que se denominan a sí mismas anarquistas pero que
realmente no lo son, no llegan al corazón del asunto de la actual injusticia
social contemporánea, como presumen sus defensores, sino que en vez de eso,
saltan de valoraciones y prescripciones útiles hacia la autodestrucción y el
sectarismo anarquista como ideología. Después de un siglo de oponerse a las
relaciones políticas autoritarias, el anarquismo no ofrece clara y ampliamente
una extensa y consumada visión política..
Aunque su propuesta se inscribe en la tradición libertaria, Albert no
propone eliminar el Estado-Nación. Duda que tal fin sea muy importante, o
incluso deseable, y no está seguro de que tenga un sentido realista. A su modo
de ver la eliminación de los estados-nación sería homogeneizadora y
reduciría la diversidad (habría una sola lengua, una sola cultura). En
contraste con el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones que imponen
sus condiciones a los mercados y a los Estados nacionales, Parecon ofrece como
modelo un internacionalismo al servicio del pueblo que se plantea como objetivo
reforzar la democracia, crear una Agencia Internacional de Recursos, una Agencia
Global de Asistencia a la Inversión y una Agencia para el Mercado Mundial, cuya
eficiencia esté acreditada y se sitúe por encima de las penosas economías
domésticas actualmente existentes.
Creo que el modelo de Parecon tiene la virtud de proponerse lo que el anarquismo
no pudo lograr desde sus inicios, y es ofrecer de manera clara, extensa y
concreta un procedimiento de organización social menos inicuo y menos
autoritario, en el que el ciudadano pueda incidir de manera concreta en sus
propios asuntos. Un modelo semejante contribuiría a dar sentido a la vida de
millones de personas que desarrollan trabajos embrutecedores o monótonos,
otorgaría trabajo a los desocupados, y haría descender significativamente la
desigualdad y, por tanto, la violencia social.
Epílogo
Yo no supe que era pobre, hasta que me fui de mi barrio. (oyente de un
programa de radio)
Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen
por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el
pánico de perder las cosas que tienen. Eduardo Galeano
El editorial sobre las noticias policiales no lo hace un editorialista, ni
siquiera un famoso: lo hace la víctima o los familiares cercanos, que desde
luego están indignados. A partir de la descripción que la víctima hace de un
hecho policial, se describe un país. Es un mecanismo perverso tan sencillo que
no sé cómo no resulta evidente. El sistema encarga la opinión sociológica a
la víctima de un delito y describe la realidad del país a través de un hecho
policial. Es un vicio del pensamiento insoportable.
Alejandro Dolina.
La inseguridad es el precio que pagamos por vivir en un mundo extremadamente
desigual. He señalado en el primer capítulo de este libro cómo gran cantidad
de estudios científicos de todo el mundo, incluida la Argentina, evidencian que
el factor que más correlaciona con la inseguridad es la desigualdad y que la
inmensa mayoría de los delitos se originan en atentados contra la propiedad
privada. Si no tenemos en cuenta qué factor es el que más correlaciona con la
violencia social -según la evidencia científica y no según la mera opinión-,
difícilmente podamos resolver el problema. Esta correlación permite incluso
predecir el porcentaje con el que pueden incrementarse los atentados contra la
propiedad privada. Señalé que según el estudio de los argentinos Cerro y
Meloni mientras un incremento del desempleo del 10% aumenta la tasa de delito en
1,9%, un aumento del 10% en la desigualdad de ingresos aumenta la delincuencia
en un 3%. En la Argentina el 10% de la población concentra entre el 35 y el 37%
de la riqueza, y el 20% tiene más de la mitad. El 10% más rico gana en
promedio 33 veces más (28,24 según las cifras poco creíbles del INDEC del
2010) que el 10% más pobre (en Noruega 6, en España 10, en promedio en el
conjunto de América Latina 50). El problema de la inseguridad está
primariamente relacionado con el de la pobreza relativa (es decir, con la
desigualdad y no con la indigencia), que es el concepto de pobreza de las
sociedades democráticas, por cuanto proponen al menos en teoría las mismas
posibilidades de desarrollo a todos los individuos. Por eso el conflicto expresa
la tensión entre democracia y desigualdad, el de una sociedad que muestra a
millones de personas bienes y opciones de desarrollo a las que nunca accederán.
Este conflicto y sus consecuencias nos llevan a preguntarnos si podemos hablar
de democracia sobrepasados ciertos niveles de desigualdad. Si la democracia es
una forma de convivencia en la que individuos libres e iguales rigen sus propios
asuntos, difícilmente nos encuadraremos plenamente en esta forma de
organización política. El nivel de pobreza que tiene una persona en parte es
definido por el nivel de los ricos que viven en la misma sociedad. De modo que
el problema de la inseguridad se vincula con el de la pobreza, pero no sólo ni
fundamentalmente con el sentido tradicional del término, el de pobreza
absoluta, que es la situación de quien no cubre bienes básicos de la canasta
familiar, sino con el de pobreza relativa. Es decir, está directamente
relacionado con la riqueza y por eso no se resolverá definitivamente mientras
no se ponga un límite a la acumulación, mientras no disminuya de manera
significativa la desigualdad, no se ponga un límite al derecho de herencia de
modo que nadie pueda estar eximido de trabajar y no se adopten otras medidas
redistributivas.
La necesidad económica no genera por sí sola el delito, pero crea las
condiciones para la pérdida de los lazos comunitarios y para el debilitamiento
familiar, lo que vuelve más probable la participación en delitos. De modo que
la desigualdad y la necesidad económica son los más importantes factores de
riesgo, pero no agotan la explicación del fenómeno.
Algunos investigadores tratan de desvincular a la violencia social de la
pobreza, por un lado porque los delitos de cuello blanco están a la orden del
día, y el sistema penal sanciona con mayor severidad los delitos que cometen
las personas que pertenecen a los sectores sociales más marginados y no los
delitos más graves, y por el otro porque no quieren que los grupos de menores
recursos sean estigmatizados con una sobregeneralización que los consideraría
a todos, o a la mayoría, delincuentes, estableciendo la condición de
posibilidad como para que sean objeto de una mayor represión. De los 6 millones
de niños y jóvenes menores de 20 años en condiciones de pobreza, poco menos
del 2% se vuelca al delito. Este porcentaje implica más de 100.000
participantes en delitos, pero por el otro lado muestra que el 98% busca otros
caminos para resolver sus problemas, pese a las dificultades para alimentarse,
estudiar, trabajar, tener una casa y adquirir los bienes mínimos para la
subsistencia. Pero aunque los que delinquen son una absoluta minoría entre
quienes pertenecen a los sectores económicamente menos favorecidos, aún así
representan la inmensa mayoría de los encarcelados.
¿Somos conscientes de que tener a más de un tercio de la población en la
pobreza es una bomba de tiempo? (Si tomáramos el encuadre de la pobreza
relativa que, como decíamos, mide la desigualdad, este porcentaje sería mucho
mayor). Tras 27 años de democracia, ¿cómo es posible estar en esta situación
en la que pocos tienen mucho y muchos no tienen nada? La palabra
"inseguridad" expresa el encuadre de los sectores medios y altos de la
sociedad. ¿Hay mayor inseguridad que no disponer de los bienes básicos para
mantenerse con vida? Si, como decía Gandhi, la democracia es el sistema en el
que los más débiles tienen las mismas oportunidades que los más fuertes, una
democracia verdadera no puede ser manejada desde arriba por unos pocos.
En quienes atentan contra la propiedad privada no sólo está presente la
voluntad de alcanzar estándares de consumo sino el deseo de reconocimiento, una
necesidad humana básica (que no hay que confundir con la ansiedad por el
estatus ni con las ganas de ser famoso). Es en este sentido que puede sostenerse
que el llamado fenómeno de la "inseguridad" es propio de las
sociedades democráticas, es decir, de contextos en donde se produce una brecha
entre las expectativas y objetivos (en este caso, de reconocimiento) que genera
la sociedad y las posibilidades reales de lograrlos. Las bandas de jóvenes que
se dedican a tareas delictivas responden a esquemas jerárquicos y alternativos
de poder y reconocimiento que consagran el orden ético de una vida marginal,
con un sistema de regulaciones sociales en las que se puede llegar a posiciones
de prestigio y poder que son negadas en la sociedad mayor. Las jerarquías
profesionales que existen en los sectores medios y altos tienen su correlato en
el mundo del delito en el "chorro de caño" (el que goza de mayor
prestigio), el armero (el encargado de guardar las armas) y en el
"piloto" (el conductor del auto en el que se produce la fuga).
Es posible contribuir a resolver este problema organizando la sociedad de
modo que todos gocen del derecho y de la verdadera oportunidad de ser
reconocidos en el desarrollo de un trabajo enriquecedor y creativo. La única
manera de hacerlo es que también todos tengan el deber de compartir las tareas
más embrutecedoras y reiterativas que todavía son necesarias para la
supervivencia social, que se disminuya la inequidad, se creen oportunidades que
alcancen a todos y se mejore el sistema educativo para que resulte una
motivación eficaz que ayude a encontrarle un sentido a la vida y a ser
reconocido por acciones que beneficien tanto al individuo como a la sociedad.
Es raro que una persona que delinque y que pertenece a los grupos
económicamente menos favorecidos, haya terminado el colegio secundario y
encontrado un sentido para su vida. De acuerdo a los trabajos de campo de Daniel
Miguens, el 80% de los empleos que pueden obtener son de baja calificación y de
baja retribución económica. En el mundo contemporáneo el trabajo brinda
identidad a las personas, y la falta de trabajo y de normas a menudo implica la
pérdida de estímulos que organizan la vida y la pérdida de los lazos de
contención. La extrema violencia de los delitos, aunque injustificable desde
una perspectiva ética, en parte expresa la justa indignación de jóvenes que
perciben que la situacion de desigualdad social a la que se ven expuestos tanto
ellos como sus familias son injustas.
Producen mayor impacto las muertes por inseguridad que las generadas por la
indigencia porque conocemos a estas últimas por estadísticas y a las primeras
a través de relatos singulares, y son estas historias las que generan una
huella emocional significativa en el espectador. Mueren muchos más pobres que
ricos, no sólo como consecuencia del hambre sino también en actos de
violencia. Pero estas muertes no son percibidas, nadie manifiesta en la calle
por ellas. Dejar morir nos parece menos grave que matar, aunque ambas acciones
sean deleznables. Cuando muere un integrante de las clases media o alta, una
persona con aspecto europeo y todos los dientes en su lugar, nos encontramos
ante un conflicto de la seguridad pública. ¿Existe mayor inseguridad que la de
no contar con bienes básicos para la vida, no recibir una buena educación o
estar desocupado y sin ahorros ni seguro de desempleo? Para la mayoría se
trata, sin embargo, de inseguridades "abstractas", que no movilizan
emocionalmente ni se traducen en acciones como en el caso de los episodios que
reconocemos bajo el término "inseguridad".
No habrá Derechos Humanos mientras no construyamos una sociedad sin
explotadores ni explotados. El capitalismo no respeta los derechos humanos
porque transforma a un ser humano en objeto para el servicio de otro ser humano,
degradándolo a la condición de "recurso", de mera "cosa"
(de allí, como señalé anteriormente, la categoría de "recursos
humanos"). Un país que se precie de democrático es incompatible con la
pobreza y con la extrema desigualdad. Los Derechos Humanos refieren a bienes
básicos para una vida digna y son relativos a toda persona por el simple hecho
de formar parte de condición humana. Argentina debería disponer de un sistema
de contención que no cambie con las distintas administraciones. Al igual que
Holanda, Alemania y otros países, debería contar con alguna forma de ingreso
universal o subsidio focalizado que, indexado de acuerdo a los incrementos
reales de la inflación, garantice que toda persona podrá acceder a bienes
básicos que garanticen su existencia. Esto explica cómo países que tienen
altos índices de desocupación cuentan con niveles de inseguridad más bajos
que los de Argentina. Haya o no trabajo, sea quien sea el presidente en esos
países, esa red de contención se mantiene y garantiza derechos humanos
básicos.
¿Es posible vivir pacíficamente allí donde cada vez se acrecienta más la
desigualdad, donde sólo imperan políticas gradualistas demasiado lentas y
donde hay personas no acceden a bienes básicos para la vida? Cuando una
porción significativa de la población no accede a estos bienes, y cuando no
accede a muchos de los bienes más valorados por una sociedad determinada, es
difícil que haya paz, porque eso implica que no hay justicia. Las personas
privadas de sus tierras y de sus medios de supervivencia tradicionales deben
sobrevivir en una naturaleza cada vez más degradada por una economía que
amenaza la supervivencia humana, que requiere de diversidad botánica y animal,
de suelos fértiles y agua limpia. Los grupos económicamente más favorecidos
emigran a otros países o viven temerosos y encerrados, los menos favorecidos no
pueden acceder a bienes que la sociedad promueve como accesibles y también
padecen asaltos y arrebatos. El alto índice de criminalidad en América Latina
ha provocado que, según el latinobarómetro de 2007, el 73% de los ciudadanos
latinoamericanos haya declarado que constantemente siente temor de ser víctima
de un delito violento y que el 63% declare que su país es muy inseguro.
Cuando la situación económica se degrada, el delito y el crimen crecen. No
se resolverá el problema de la inseguridad si no se modifican las causas
estructurales de la violencia, y estas se encuentran principalmente, como
evidencian decenas de trabajos científicos realizados en todo el mundo, en la
distribución de la riqueza. Ningún país resolvió el problema de la
inseguridad con la política de mano dura. Como he señalado, el régimen de
"Tolerancia cero" implementado en Nueva York coincidió con una ligera
baja del crimen porque también bajó en ese tiempo la desocupación. El
problema de la violencia no se resuelve construyendo muros y estigmatizando,
sino contribuyendo a que cada ciudadano pueda encontrar un sentido para su vida,
a que pueda desarrollar un trabajo enriquecedor al menos en parte de su jornada
laboral, atendiendo a las necesidades básicas y a las que se determinan en
promedio por el estándar de vida de cada sociedad en particular. Todas las
culturas han promovido la solidaridad y la compasión, que implican no sólo
saber que se es parte de la humanidad, sino sentirlo y actuar en consecuencia.
Pero no hemos logrado transferir cabalmente esa enseñanza ética a la esfera de
la política. Si no lo hacemos, si estas medidas necesarias no son adoptadas,
será difícil que reine la paz. Continuaremos viviendo en un mundo con
demasiada injusticia, y no debería sorprendernos que se sigan cometiendo actos
ilegales.
Algunos pensarán que muchas de las soluciones al problema de la inseguridad
propuestas en este libro son utópicas. Durante siglos pensar en la abolición
de la esclavitud fue considerado una utopía. A partir del siglo XIX ya no lo
fue. Durante siglos pensar en la caída del Imperio Romano fue considerado una
utopía. En el 473 cayó el Imperio Romano de Occidente y en 1453 el de Oriente
o Imperio bizantino.
Durante siglos pensar que el ser humano pudiera volar fue considerado una
utopía.
Hoy el avión es uno de los medios de transporte más seguros que existen.
Durante siglos pensar que la mujer pudiera votar fue considerado una utopía.En
la actualidad las mujeres votan. Durante el siglo XVI Tomás Moro sintetizó su
modelo de sociedad deseable en su libro Utopía (fue la primera vez que se
utilizó esta palabra). Por entonces llevar a la práctica esta Utopía fue
considerado una utopía. En el siglo XX la Unión Soviética y otros países
tuvieron varios elementos en común con el proyecto de Moro.
Durante décadas pensar en disminuir la cantidad de muertes ocasionadas por el
tabaco fue considerado una utopía. Hoy los países que tienen leyes nacionales
antitabaco han reducido la cantidad de muertes derivadas de esta droga.
Si alguien quiere descalificar un cambio social propuesto por su interlocutor
diciéndole "Hacer X es utópico" o "Instaurar Y es demasiado
idealista", debería recordar que así como nacen, las instituciones
humanas pueden desaparecer.
Hemos sido persuadidos de que esta forma de convivencia es la única posible,
pero no es así. La riqueza y el peligro de las utopías no reside en que
permanezcan en el interior de nuestra imaginación, sino en que se conviertan en
realidad.